Artículos sobre arte

¿Cómo mejorar tu economía si eres artista? Primera parte: control de ingresos y gastos

Según el estudio “La actividad económica de los artistas en España”, sólo el 15% de los artistas españoles vive del arte exclusivamente, y más del 50% no llega a 8.000 euros anuales, dinero entre el que se cuentan retribuciones de trabajos que nada tienen que ver con el arte.

En el libro, lleno de estadísticas interesantes fruto de una investigación exhaustiva, vemos cómo el factor de la edad importa bastante de cara a estar más establecido. Así, a partir de los 45 años se percibe que una buena parte de los artistas de esta edad tienen mayor retribución o por lo menos están más establecidos económicamente.

Pero, ¿realmente hay que esperar a los 45 años para empezar a tener cierta tranquilidad económica?

Si retrocediera en el tiempo 12  años, momento en que terminé de estudiar y empecé a buscarme la vida, lo primero que haría sería lo que no hice hasta diez años más tarde: Leer sobre emprendimiento, sobre educación financiera y sobre negocios 2.0

Personalmente, hasta hace muy pocos años siempre había tenido una relación de miedo y rechazo al dinero. Sufría por su posible ausencia y a la vez, en el fondo, lo rechazaba y no lo gestionaba bien. Además, en mi familia a menudo se decía que del arte era muy difícil vivir y, aunque hace diez años que vivo solamente del arte, durante parte de estos años continuaba acomplejado y pensando que este estado de gracia era un golpe de suerte que en cualquier momento se terminaría. No fue hasta que empecé a interesarme por el tema de la educación financiera y a activar mi mente entorno a otros parámetros  cuando realmente empecé a ver que no tenía ningún problema real de dinero, que sólo lo tenía en mi mente; en la angustia por su posible ausencia y en la programación que había adquirido de pequeño.

Si retrocediera en el tiempo 12  años, momento en que terminé de estudiar y empecé a buscarme la vida, lo primero que haría sería lo que no hice hasta diez años más tarde: Leer sobre emprendimiento, sobre educación financiera y sobre negocios 2.0. En ese momento, con 24 años no podía porque el dinero me parecía sucio y corrupto como la gente que lo maneja en grandes cantidades, más todavía cuando yo tenía parejas que daban tanta importancia a este tema y que a mí me parecía banal. En realidad, nunca lo ha sido; es un aspecto importante en esta dimensión nos guste o no.
Al margen de los impedimentos interiores,
cualquiera que empieza un negocio por su cuenta es un emprendedor, y como tal, tiene que disponer de unos conocimientos si no quiere naufragar a las primeras de cambio. Lamentablemente, tener talento es sólo una parte de lo que se necesita. Pero no la única para vivir del arte. Hay que gestionar bien muchos aspectos del negocio, entre ellos el económico.

En mi caso, al cumplir 34 años, aunque hacía años que ganaba solo con el arte una retribución bastante habitual hoy día en mi país, también me di cuenta de que no retenía nada de lo que entraba, que seguía sufriendo por los imprevistos y que tenía miedo de cambiar el ordenador o comprar material por si acaso después necesitaba el dinero invertido. También empecé a tener curiosidad por el tema de la jubilación y las incógnitas a las que nos lleva la misma, aunque todavía me quedasen 30 años para llegar a la edad oficial de jubilación.

En mi caso, al cumplir 34 años, aunque hacía años que ganaba solo con el arte una retribución bastante habitual hoy día en mi país, seguía con una mentalidad demasiado rudimentaria a nivel financiero

Así pues, me empezaron a picar la curiosidad los libros sobre educación financiera y los libros sobre dinero en general para descubrir maneras más sofisticadas de gestión. Lo primero que hice, no sin cierto recelo, fue escuchar ponencias sobre el tema vía youtube, mientras estaba pintando. Y la verdad es que ya conecté más de lo que esperaba con el tema. En gran medida esos coachs hablaban un lenguaje que me entraba bien y que ya estaba poniendo en práctica: vivir sin jefe, dedicarte a lo que te gusta, cuidarte tú mismo de tu jubilación (qué remedio, visto lo visto de cara al futuro) y otras movidas que, si bien sonaban un tanto capitalistas para alguien como yo, encajaban bien con mi trabajo freelance tan autogestionado. Así que continué con los libros sobre educación financiera que iban recomendando en los audios y las charlas que escuchaba. Leí decenas de libros y aprendí muchas cosas, al margen de dejar aparcados más prejuicios sobre el dinero y sobre los ricos.

He instaurado muchas de las lecciones aprendidas y ya las pongo en práctica en mi vida para que no sean mera teoría que no va a ningún lugar. Es por eso que voy a exponer las más importantes o las que creo que pueden ayudar a mejorar la vida económica de otros artistas.

 

1. Control de ingresos y gastos

En finanzas se suele hablar de activos y de pasivos. Un activo es aquello que te proporciona dinero. Y un pasivo te lo quita. Un trabajo es un activo. Un negocio es un activo. Tener una propiedad alquilada es un activo (no deja de ser un negocio). Un coche, aunque se puede vender y alquilar y en ambos casos dará dinero, normalmente es un pasivo porque si lo usamos, aparte de que se devalúa muy rápidamente, requiere gastos periódicos en gasolina, ruedas, itv, seguro, reparaciones, etc. ¡Es un gran pasivo!. Igual que una casa. Teniendo dinero te puede valer la pena comprar una casa y olvidarte de alquileres e hipotecas, pero aún y habiéndola pagado, también hay gastos de mantenimiento, comunidad, luz, agua y otros impuestos. Así que es un pasivo también. Personalmente, y puesto que si algo detesto en esta vida es endeudarme, creo que es preferible pagar un alquiler asequible que te permita ahorrar antes que meterte en una hipoteca con el banco que vayas a pagar personalmente durante décadas. 

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Fuente: Pixabay

Pero, más allá de esto y vistos los conceptos de activo y pasivo, la primera cosa que vale mucho la pena hacer son unas tablas en Excel para anotar los ingresos y los gastos de cada mes, gastos que previamente podemos haber apuntado en el móvil o en una libreta pequeña cada vez que se hayan producido.
Estos gastos se pueden dividir en apartados (gasto de logística, gasto fisiológico, gasto lúdico, gasto intelectual u otros), Al escribir y registrar en nuestra tabla los gastos mes tras mes iremos ganando en tranquilidad, puesto que entre otras cosas podremos identificar los gastos extra imprevistos y los gastos extras fijos, que son los que podemos prever como el impuesto del coche, el seguro de la casa u otros como matrículas, que siempre llegan los mismos meses del año (tal vez estos se pueden subrayar). También podremos deshacernos de aquellos gastos que parecían imperceptibles, como aquella suscripción a una revista que nunca miramos, un producto desorbitado de precio que no aporta nada, la cuota del gimnasio al que nunca vamos, etc.

Al final, recordando cada compra valoras el precio de las cosas en función de todo lo que te reportan y eres más consciente de tu vida como consumidor

De esta manera, cada céntimo que salga y cada céntimo que entre estará controlado, y nuestra mente ya no proyectará nubarrones de escasez tan fácilmente como hasta la fecha. Veremos los gastos prescindibles y podremos decidir si nos deshacemos de ellos, ya que estarán identificados. Podremos ver si un mes hemos gastado más de la cuenta en comida, si una tienda es mejor que otra en relación a calidad, etc.
Al final, recordando cada compra valoras el precio de las cosas en función de todo lo que te reportan y eres más consciente de tu vida como consumidor.

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Artículos sobre arte

“Esto no tiene salida profesional”

—¿Esto no tiene salida profesional? 

Hemos de partir de la base de que, si son los padres los que afirman eso, los padres siempre quieren lo mejor para sus hijos. Tenemos que ponernos en su piel y entender su punto de vista: Piensan que vamos a sufrir y no desean que suframos. Valoran la seguridad y la estabilidad por encima de la libertad. En la gran mayoría de casos no han tenido experiencia en el mundo del arte y en la mayoría de casos no son autónomos o emprendedores. Con lo cual, su sufrimiento es doble.
Para ellos lo normal o por lo menos lo mejor para evitar problemas es trabajar para alguien y cobrar un sueldo mensualmente. Su tranquilidad pasa por esta especie de línea de vida, por esta estabilidad mental que nos proporciona a todos el hecho de saber que estamos acogidos por algo grande que nos proporciona una continuidad de ingresos en el tiempo. Ya que, como sabemos, todavía aún está en el aire aquello de que los trabajos son “para toda la vida” (¿dónde está el botón de las risas enlatadas?). Que el mes que viene seguiré trabajando para esa empresa o para esa persona y eso me continuará asegurando ni que sea un mínimo de holgura económica.

Todo lo que no sea vivir esta situación de asalariado es habitualmente un sufrimiento para nuestros padres y para todas las personas que, desde su punto de vista, se preocupan de verdad por nosotros.

En la mayoría de casos nunca lo harán por fastidiarnos y lo mejor es no ponerse de culo con estas situaciones, sino procurar verlas desde el fondo e intentando comprender al otro. Más allá de la falta de confianza que proyectan en nuestro proyecto, hay una serie de ideas de no saber ellos cómo llevarlo a cabo y una falta de conocimiento del mercado y de cómo cultivarlo. Así que no debemos dejarnos arrastrar por esas corrientes. Tendremos que estar muy sólidos y basarnos en hechos; los ingresos que hay al principio, por escasos o esporádicos que sean, nos demuestrarán a nosotros mismos (somos los únicos a los que tenemos que demostrarnos las cosas) que sí que lo podemos lograr.

Incluso, a parte de familiares, amigos y conocidos, deberemos ir con cuidado con otros profesionales o semiprofesionales del sector, ya sean pintores, galeristas u otros. Y no hacer caso de los consejos de aquél que no lo ha conseguido y va con la moral por los suelos y tirando jarras de agua fría a los optimistas o a los que comienzan (no sé qué es peor), y que te dice: “¿Todavía pintas?”, “Es muy difícil vivir de la pintura”, “No se vende nada”. Esos mantras son muy relativos y pueden chocar con la realidad de muchas personas. El que dice eso quiere encontrar a otras personas que le digan que también están fracasando. El consuelo colectivo es mejor para ellos que vivir su desgracia en soledad.
Si nos dedicamos a aprender a vender nuestro trabajo, a desarrollar una trayectoria y a conocer a mucha gente,  nuestra realidad no tendrá nada que ver con toda esa negatividad. No necesitamos a nadie que nos transporte su nube negra de negatividad y frustración que no nos llevará a ningún lugar.

¿Debemos hacer caso de las proyecciones de aquél que no lo ha conseguido? En todo caso, mejor escuchar a los que van con la moral alta, sean de nuestro sector o de otros, que han trabajado un mercado y que sí han conseguido muchas ventas. Hay que rodearse de gente optimista que tiene actitudes prósperas y, en concecuencia, vidas prósperas.

—¿Todavía pintas? Es muy difícil vivir de la pintura, no se vende nada.
—Oye, gracias. Me alegras el día con tus ánimos. Suerte que yo no ando por ahí alimentando estos pensamientos. Supongo que por eso mi realidad es distinta.

Para nosotros este sufrimiento temporal que hay al principio por no tener muchos ingresos es mucho más que asumible si lo comparamos con el gozo que produce vivir esta expresión artística sin freno.

Un mantra muy común que escuchaba a menudo desde distintas personas de mi entorno era si “había valorado la posibilidad de ser profesor de dibujo o de pintura”. Y la verdad es que nunca valoré en serio esa opción, aunque he dado algunos cursos de manera esporádica. Yo diría que no todos los profesores de arte tienen madera de profesores. La docencia es un campo que requiere una preparación y una llamada interior concreta. Si uno se mete a dar clases sin una experiencia sólida en el mercado artístico lo que transmitirá serán sus propias limitaciones a los alumnos. Ya lo viví varias veces como alumno y no me gustó. Algún profesor incluso lo dijo: “yo soy un ilustrador frustrado”. Fantástico, podemos esperar técnica pero no optimismo ni directrices para movernos por el mercado, algo básico e importante en nuestro sector y que, sin embargo, no se enseña en las escuelas.

Si nuestro sueño nos importa por encima de todo, no nos quedará otra que reforzarlo y acorazarlo hasta que tenga  su propia vida y vaya forjando  su propia historia. Somos personas libres y en última instancia deberemos escuchar nuestra alma para saber cuál es nuestra misión en la vida. Si hemos nacido para ser artistas es absurdo que nos dediquemos a otras cosas que no son en el mundo del arte.

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Ilustración digital del Monasterio de Oseira, en Ourense. Un lugar absolutamente inspirador, idóneo para encontrarse a uno mismo y aclarar cuál es la misión que uno ha venido a hacer en esta vida.

El potencial artístico se desarrollará en la medida en que le otorguemos espacio y tiempo para expresarse. Nuestras aptitudes artísticas son como una semilla que necesita máxima atención y cuidado para crecer y convertirse en un hermoso y robusto árbol. Si no priorizamos el desarrollo de estas aptitudes artísticas difícilmente veremos mejoras y difícilmente veremos resultados.

Nuestras aptitudes artísticas son como una semilla que necesita máxima atención y cuidado para crecer y convertirse en un hermoso y robusto árbol.

Así que debemos vivir en bloque con nuestro propósito. No hay que luchar en contra de nada ni de nadie si no a favor de algo creativo y luminoso que tiene su función en la sociedad.
Cuánta más unidad interior vivamos nosotros con nuestro propósito más nos respetarán los demás, aunque no conozcan nuestro mundo o nuestro propósito captarán esta unidad interior y no podrán reflejar en nosotros sus inseguridades.

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10.000 horas para llegar a profesional

  • ¿Has dicho que son necesarias 10.000 horas para llegar a profesional?
  • Depende de cada caso pero, en líneas generales, sí. O siete años de experiencia.

Recuerdo cuando tenía 28 años, participé en una exposición colectiva en una galería de Barcelona. Uno de los días posteriores a la inauguración me acerqué otra vez y el marido de la galerista me dijo algo que recibí como un muy buen consejo: “Ahora lo que más tienes que hacer es pintar y practicar, y para eso no necesitas a nadie”.

A medida que voy conociendo a personas que pintan como hobby y a pintores profesionales, me doy cuenta, a diferencia de lo que yo creía, que la experiencia cuenta muchísimo. Siempre había pensado que el hecho de dibujar bien lo era prácticamente todo y que el haber pintado más o menos tiempo tampoco importaba demasiado. La verdad es que no podía estar más equivocado. En mis propias exposiciones siempre hay personas que me dicen que se nota una evolución respecto a la exposición anterior o a las anteriores. Y ahora, cuando hablo con pintores, siempre noto bastante diferencia entre los que lo tienen como un hobby y pintan poco o los que van a fuego y tienen un historial de vuelo impresionante.

Y es que, según el libro “La historia del éxito” del autor Malcolm Gladwell, 10.000 horas es la cantidad de tiempo que se necesita para dominar cualquier una actividad. Yo, desde la línea de Trabajo Interior de Antonio Blay, siempre he escuchado que la cantidad de tiempo necesaria para dominar una profesión son siete años. Más o menos, contando las vacaciones y los días de fiesta, viene a ser una cantidad de tiempo cercana a 10.000 horas.

El caso es que este autor, Malcolm Gladwell, defendió su teoría mediante ejemplos de famosos que han destacado por encima del resto, aparentemente por sus cualidades innatas y extraordinarias. En su libro nos habla de Bill Gates, y nos comenta que, por una serie de circunstancias, fue prácticamente el único que en su adolescencia pudo programar con ordenadores una auténtica sarta de horas, mientras el resto tenía que usar un sistema de programación con cartulinas que después pasaban a un especialista que lo probaba en un ordenador, con lo cual en realidad practicaban una birria en comparación con Bill Gates. El autor nos explica que, para cuando los ordenadores unipersonales estaban a la orden del día, Bill Gates estaba a años luz del resto en cuanto a experiencia. Llevaba una inmensa ventaja respecto a cualquier otro programador.
Lo mismo viene a contar el autor sobre Los Beetles. Analiza la experiencia de los componentes antes de juntarse en una larga estancia en Hamburgo, en la que al parecer hicieron conciertos diarios de ocho horas durante años. Después de explicar por qué al término de esa estancia el grupo ya había practicado las 10.000 horas necesarias, otro productor comenta que en ese momento Los Beetles tenían un sonido como ningún otro grupo del momento.

10.000 horas o siete años es la cantidad de tiempo aproximada que se necesita para dominar una actividad

En la pintura este no es un tema menor. Yo alcancé un buen nivel en ilustración y dibujo en 2011, porque era lo que más había hecho desde que me gradué en 2005. Y en pintura noté ya una gran diferencia o me empecé a sentir profesional de verdad en 2014, fecha que coincide con los siete años de experiencia intensiva en pintura. Fue el momento en el que volví a trabajar en óleo después de 14 años de no tocarlo, y vi que aquello tenía enorme posibilidades para mí, básicamente porque ya iba muy rodado de trabajar en acrílico y otras técnicas. Viéndolo en perspectiva, no cambiaría por nada toda la enorme cantidad de tiempo que he dedicado a pintar. Creo que hubiera sido absurdo dedicar ese tiempo a cualquier otra cosa. Y no fue fácil. Hasta que no estuve seguro del todo no me encontré con las personas adecuadas (sobre todo la pareja) que, al fin, estarían en condiciones de entender cien por cien mi proyecto y me harían mucho más fuerte con su apoyo.

Igual que si fuéramos músicos que quisiéramos abrirnos camino en la música o programadores a principios de los setenta, varios condicionantes nos dificultan muchas veces la prioridad de invertir el tiempo necesario para dominar esta profesión. Tenemos en primer término el miedo a no tener ingresos fijos. Este puede ser un condicionante propio o un mantra introducido en nuestra mente por otros, como pueden ser familiares o la pareja. Si este es tu caso, plantéate si para ti la seguridad es más importante que la libertad, o si para empezar lo que quieres es un equilibrio entre ambas. Es importante tener en cuenta que los ingresos se deben mirar de año en año, y no de mes en mes. En una exposición tal vez vendas cuadros por valor de 3.000 o 6.000 euros o más, y eso compensa algún que otro mes que es más flojo. En mi caso, hasta que en 2012 no hice el recuento en un excel de forma anual no vi claro que ya estaba teniendo unos ingresos interesantes y podía dejar de pasar nervios por eso de una vez por todas. 

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Soir Bleu (1914), de Edward Hopper. Un pintor que ha inspirado a publicistas, fotógrafos y directores de cine. Sin embargo, no pudo vivir de su pintura hasta pasados los cuarenta años.

 

Si le das demasiado peso a este mantra (lo más importante es tener un trabajo seguro) las horas principales de tu día pueden estar ocupadas por un trabajo que no tendrá relación con la pintura. La libertad también es importante y, más allá de eso, es posible. Hasta los 28 años (2008) yo combiné la pintura y la ilustración con trabajos esporádicos que me gustaban menos. Acudía a ellos cuando lo necesitaba de vez en cuando pero volvía siempre a la pintura y a la ilustración y gozaba como nadie al levantarme y ser libre para desarrollar mi creatividad.

El caso es que, sea cual sea tu situación (trabajo de media jornada, paro, trabajo a jornada completa) si realmente quieres avanzar en el arte y pintar es lo que más disfrutas de todo, tendrás que estar atento a tu voz interior y, si esta te dice que el arte es tu mundo, luchar por ello hasta que tú y por consiguiente tu entorno quedéis convencidos de que esta actividad es esencial para ti y requiere un tiempo que va a ser sagrado. Tendrás que encontrar las horas necesarias para avanzar hasta llegar a dominar las técnicas y hacer que la pintura sea tu día a día. El camino hasta las 10.000 horas es muy gozoso desde el principio, solo requiere escucharte y darle la importancia necesaria para que sea una prioridad.

Por otro lado, hay muchas maneras de conseguir tiempo durante los primeros años. Aunque es cierto que el factor económico juega un papel importante (y lo trataremos con calma más adelante), la necesidad de cobrar un sueldo suculento se puede reducir al principio dejando a un lado los caprichos y buscando un alquiler que nos permita estar más desahogados. Cuanto más asequible sea nuestra vida al principio, menos dinero necesitaremos ganar y por lo tanto más tiempo tendremos para avanzar en la pintura.

Algunos economistas dicen que el gasto en vivienda debería suponer como máximo el 25% de nuestro sueldo. Estoy de acuerdo, aunque hoy día creo que pocos lo consiguen. Buscar viviendas agradables y asequibles lleva su tiempo, pero es la mejor manera de tener excedente de tiempo y excedente de dinero, dos cosas que, al principio, nos vendrán como agua de mayo, como oro puro, para lograr alcanzar estas 10.000 horas o siete años de experiencia en la pintura. Paralelamente, yo recomendaría ahorrar por lo menos un 10 % de todo lo que se gane y que no se toque para nada de no ser que sea para una emergencia, para invertir en exposiciones importantes o para comprar algo que luego se pueda poner en alquiler y rente dinero. También es muy útil crear fuentes de ingresos recurrentes, por ejemplo vendiendo posters, tazas y camisetas con tus imágenes a través de webs como cafepress o society6, por ejemplo.

Cuanto más asequible sea nuestra vida al principio, menos dinero necesitaremos ganar y por lo tanto más tiempo tendremos para avanzar en la pintura.

Hay buenos pintores como Edward Hopper que no pudieron dedicarse a lo que querían hasta cumplidos los cuarenta. Edward, hasta entonces estaba en una agencia de publicidad y su trabajo no le gustaba nada. Así que no pensemos que la gente llega con la flor en el culo desde el primer día. Hoy en día abundan los vendedores oportunistas con poco talento cuya obra no gusta a gran parte del público (son vendedores expertos pero, en mi opinión, no son buenos pintores), pero también hay verdaderos monstruos que se lo han currado mucho para llegar donde han llegado.

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Produce más obra, amplia tus movimientos

¿Qué sucede cuando llegamos a una tienda (online u offline) y nos encontramos con pocos productos? Yo, personalmente, percibo cierta sensación de escasez o de falta de convicción en esa propuesta por parte del vendedor. Pienso, “vaya, qué poca cosa tienen. Poco me voy a entretener aquí”. Y si además lo que tienen lleva mucho tiempo puesto a la venta y no se vende, todavía peor. 

Lo mismo sucede cuando hablo con otros pintores en persona; hoy en día es muy fácil tener tu book en el móvil y compartir tus obras con los demás. La diferencia entre los profesionales y los amateurs es que los amateurs te enseñan muy pocos cuadros, y muchas veces son de hace mucho tiempo. Los profesionales, sin embargo, te pueden enseñar muchos cuadros de un plumazo y el último seguro que lo hicieron ayer o anteayer.
Así, pues, la sensación desde fuera viendo un caso u otro no tiene nada que ver; primero, porque la calidad en la obra es muy superior en los que pintan más, y segundo porque, en caso de querer yo comprar, tendría diez, veinte o treinta cuadros entre los que elegir. En el primer caso, el de alguien que pinta poco y tiene poca oferta, no resulta muy llamativo elegir entre un cuadro de hace un año y otro de hace un año y medio. No me da ninguna sensación de novedad ni de productividad, y además tampoco puedo entretenerme estudiando su pincelada, viendo un recorrido para finalmente tener más opciones de compra. Es una obra poco desarrollada.

A un nivel más amplio, tampoco tiene nada que ver una opción que otra. Si dispones de 70, 120 o más de 200 cuadros podrás hacer dos o tres exposiciones simultáneamente, podrás responder fácilmente a una o varias oportunidades de exposición y podrás  ofrecer cuadros de temática y tamaño bastante distinto. Venderás más y serás más profesional, aunque si bien es cierto que tendrás algo más de faena en la gestión, sobre todo si estás activo en varias galerías online. Pero tendrás muchas más opciones de ser visitado en internet y de que te conozcan. También es verdad que es difícil tener tantos cuadros en stock, a mí por lo menos me resulta difícil porque de una u otra manera los voy vendiendo antes y nunca alcanzo a tener más de 50 por vender (a veces, ni siquiera 20), razón de más para animarte a que produzcas mucho.
Siendo así, lo único que te puede pasar es que vendas mucho, ya ves tú qué problema; en las galerías online pones también tus mejores obras vendidas y eso te ayudará a seguir vendiendo. Al final, los compradores imitan a otros compradores, y un pintor que vende, nos guste o no, resulta más atractivo para los compradores.

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Hay muchas galerías online. Yo estoy en cinco: artenet.es, artelista.com, picassomio.com, artmajeur.com (Francia), saatchiart.com (Reino Unido). Puedo confesar que la galería en la que más vendo es artenet.es (aproximadamente una obra al mes), seguida de artelista.com. En saatchiart llevo poco tiempo, aunque según el experto en arte Don Thompson es el primer portal de venta de arte online en volumen de ventas.

Para producir más, muchas veces hay que superar la pereza y sobre todo el miedo. El miedo a tener exceso de cuadros y no venderlos, que se supera haciendo cuadros realmente buenos, con los que no te importe ir con ellos hasta el fín del mundo de tan orgulloso que te sientes de cómo han quedado. Así, los expondrás tantas veces como sea necesario para que nuevos ojos puedan descubrir tu talento. Este tipo de cuadros siempre reciben elogios, por lo cual si tienen que hacer una larga gira hasta ser vendidos tampoco pasa nada.

Mi consejo es: ajusta los precios, vende siempre y así podrás pintar siempre y nunca dejarás de aprender. Al final, tu evolución profesional es lo único que te hace más pintor, no el hecho de vender a 15.000 euros cuadros de tamaño 20F.

Aunque a veces es lo que más nos cuesta, es importante estar activos programando exposiciones y gestionando las galerías online, que son las plataformas en las que cada vez se venden más cuadros. Muchas veces me encuentro pintores más mayores que yo, que me dicen que no se vende nada en exposición o que por internet nunca han vendido ni una sola obra. Les pregunto en cuántas galerías están, y normalmente están en una, con pocos cuadros y sin poner los precios visibles. Esto se podría revertir estando en cuatro, cinco o más galerías (de España o de otros países), subiendo decenas de obras (subiendo obras para su venta pero también obras vendidas) e indicando los precios. Hay mucha manía en no indicar los precios, pero entonces uno no puede quejarse de que no vende. Si no se ponen precios lo que piensa el cliente es que la clavada va a ser legendaria cuando pregunte el precio. Mi consejo es: ajusta los precios, vende siempre y así podrás pintar siempre y nunca dejarás de aprender. Al final, tu evolución profesional es lo único que te hace más pintor, no el hecho de vender a 15.000 euros cuadros de tamaño 20F.

Entiendo que hay mucha gente que ya exponía en los 70, los 80 y los 90 a la que la era digital les ha quedado más alejada que a mí, pero además eso se agrava con la idea de que se necesita un marchante que mueva tus obras o si no estás perdido. Eso ya no es así, lo que se necesita es material y horas para pintar, un ordenador y ganas de relacionarse online y off-line.
Un marchante puede ayudar y en cierto momento es necesario para abrazar otros mercados, pero hasta llegar a eso, hoy día se puede vivir del arte sin un marchante.

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De la timidez a la sociabilidad: como abrirse al mundo y trabajar en un marco global

Siempre había deseado ser una persona más social, afectiva, que se interesa con sinceridad por la vida y los gustos de los demás y aprende lo posible de ellos, a la vez que valora si puede servirles en algo. Aunque a veces en la vida…

La falta de desarrollo en ciertas virtudes condiciona nuestra evolución.

Uno de mis problemas iniciales para acercarme a los demás era mi timidez. Desde mi niñez, y hasta hace trece o catorce años tenía un círculo de relaciones pequeñísimo, detestaba el teléfono, y me daba un reparo enorme tener que llamar a una editorial o a cualquier lugar para solicitar información o pedir una entrevista. Memorizaba frase por frase lo que tenía que decir y luego, cuando ya había marcado los números y daba línea el teléfono, me notaba el pulso en la oreja.
Algo parecido me sucedía cuando entraba en alguna tienda o, peor, cuando iba a una entrevista. Sudores de manos fríos y calientes, el coco funcionando a todo trapo con premoniciones trágicas para mi persona que incluían un gran terror a hacer el ridículo y a ser desaprobado.
Sin embargo, la timidez puede desaparecer de nuestra vida hasta el punto de darte la impresión de que cuando eras tímido eras otra persona o que tu conciencia estaba en otra dimensión.

Habitualmente, la timidez viene producida por una falta de seguridad. Puede ser a nivel intelectual (estando con una o varias personas, no sabemos qué decir sobre algo en concreto, o nos da miedo que los demás repliquen nuestro argumento), aunque a veces también puede influir la falta de seguridad física (sensación de que la vida es dura y que el mundo nos aplasta). Otras veces, no sabes si alguien es tímido o es que está a disgusto. Ese podría ser un caso de falta de desarrollo afectivo.
En todo caso, el desarrollar un criterio y un argumento sólidos o el tener más seguridad física son cosas que a veces se desarrollan por el simple hecho de hacerse mayor y asumir la vida adulta. En mi caso, como ya tenía más de veinte años y me veía condicionado para trabajar por mi cuenta y para ser libre en otros aspectos, desarrollé estos campos trabajándolos a fondo, con el estudio de la Filosofía en el campo intelectual y con el estudio de las artes marciales en el campo motor.

Entonces sí que noté que, con los años, y haciendo el esfuerzo de abrirme a otros círculos y conocer otras personas, ampliaba mi campo de relaciones. Tanto es así, que a los 28 realicé mi primera exposición individual y, aunque pasé unos nervios muy considerables, vino mucha gente y vendí veinte cuadros, ¡e incluso hice un discurso de bienvenida en la presentación ante casi un centenar de personas!

Con el tiempo, incluso, intentaba asumir el reto de tener que hablar en público de vez en cuando. La primera exposición de pintura que presenté era sobre un libro que a su vez presenté en colegios y en otros lugares. Otras veces, y en cierta medida en contra de mi voluntad, me exponía a algún público para probarme.

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La mejor manera de superar un miedo es atravesándolo. En la línea de trabajo interior propuesta por Antonio Blay, la que sigo desde hace  13 años, no existen defectos, sino virtudes menos desarrolladas que se pueden trabajar con voluntad.

De esta manera desapareció una gran parte de la timidez que me había acompañado hasta entonces. Pero para las presentaciones de las exposiciones seguía pasando unos nervios horrorosos, y muchas veces dormía poquísimo cuando había decidido que iba  a hablar. En mi segunda exposición individual, en pleno verano, no sé si por el calor o por los nervios, pero el día antes de la inauguración dormí media hora. Tenía confirmada una asistencia de más de 100 personas y dejé que eso activase temores innecesarios, pues en realidad era un público conocido de gente cercana de aquí y allá a la que le gustaba mi trabajo y venía para estar a mí lado. En la cuarta inauguración, en la que asistieron entre 180 y 200 personas (no cabía nadie más en la sala), hice un pequeño discurso que fue correcto, pero por la cantidad de gente que había y por lo bien que fue todo podía haber estado impecable.

Ese día, hablando con uno de mis amigos fotógrafos que venía a ayudarme en las inauguraciones en Barcelona haciendo fotos, me enteré de la existencia de unos clubs de oratoria que formaban parte de una red internacional. La red Toastmasters, con sede en forma de clubs por ciudades de todo el mundo. Investigué en Barcelona y vi que había varios clubs, y que además la cuota era muy asequible, unos 7 euros al mes. Así que me apunté y poco a poco fui animándome a participar, y aunque pasaba un montón de nervios me di cuenta que desde fuera la imagen era mucho mejor de lo que yo interpretaba. Estuve más de dos años aprendiendo y ejercitándome semanalmente como orador, participando con discursos y exposiciones en público en varios de los clubs que había en mi ciudad, Barcelona. La red Toastmasters fue a su vez una buena oportunidad para conocer personas interesantes de todas las edades, muchos de ellos con buenos proyectos que mostrar al mundo. Proyectos beneficiosos para todos como pueden ser asociaciones para la detección y eliminación de las minas antipersona, asociaciones de ayuda a personas con discapacidad o asociaciones de carácter ecologista, entre muchas otras.

La red de clubs de oratoria Toastmasters es una buena oportunidad para aprender a hablar en público y perder definitivamente la timidez. También es una buena oportunidad para conocer personas interesantes de todas las edades, muchos de ellos con buenos proyectos que mostrar al mundo. 

También he ido a clases de idiomas, a aikido, a clases de escritura. Me he acercado a asociaciones de distinta índole. A rodajes de cine… y en definitiva a cualquier lugar que me pareciera interesante y en el que pudiera conocer personas que me llenaran por sus inquietudes y con las que pudiera establecer una relación natural. Al final, te acabas interesando por su camino y ellas por el tuyo y es normal que antes o después encuentres a alguien al que le interese tanto tu arte como para comprar un original. Me he dado cuenta de que la gran mayoría de personas no se han planteado esa posibilidad hasta que se va materializando por el hecho de conocer a un pintor. Por eso no es necesario empezar con grandes coleccionistas de arte, hay neófitos con mucha sensibilidad y ganas de aprender sobre el mundo del arte, así como de conocer y apreciar nuestro trabajo. Establecer una relación con ellos es un placer difícil de describir.

La gran mayoría de personas no se ha planteado la posibilidad de comprar un cuadro hasta que se va materializando esa posibilidad por el hecho de conocer a un pintor. 

La venta en este caso no es insistente ni forzada si no que es una consecuencia natural y lógica. Aunque de entrada también tienes que ayudar a la persona a entrar en tu mundo, porque en casi ningún lugar se habla de arte y la mayoría de gente está desconectada del tema. Pero, como decía, todos tenemos sensibilidad y a cualquiera le puede llegar a interesar. Así que puedes tú averiguar e incentivar sus gustos en el arte, sus motivos predilectos (marinas, paisajes, retratos) y sus pintores favoritos. Si no los tiene, le puedes hablar de los tuyos. Antes o después, al final das con alguien con quien se va abriendo un camino fructífero de forma natural que se mantiene en el tiempo o incluso, quien sabe, te ofrece otros contactos.

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El espectáculo de los precios en el arte. Reflexiones sobre los libros de Don Thompson: El tiburón de 12 millones de dólares y La súper modelo y la caja de brillo

Una de las primeras experiencias en forma de antídoto que recuerdo con lo que comúnmente llamamos arte contemporáneo, fue la primera vez visité el MACBA (Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona).
Yo no tendría más de 15 años, y recuerdo que sólo entrar en el museo vimos un caballo real, disecado, colgando del techo por una soga atada al cuello. 
Desde luego el efecto fue desconcertante, por no decir que incluso me cabreé y me pareció una capullada total. Tanto, que no recuerdo nada más de esa exposición salvo una moto roja que había en la misma entrada. Una moto sin ninguna modificación aparente por parte del artista, salvo que en lugar de estar en la calle, estaba en un museo.

Desde entonces creo que estoy curado de espanto sobre lo que se puede llegar a ver. Han pasado más de veinte años desde entonces y he visto miles de exposiciones. Algunas buenas, otras una tomadura de pelo que no me ha comunicado nada a ningún nivel. La mayoría, no obstante, bastante frías aunque técnicamente muchas estuvieran bien hechas.
En cuánto a las que me han parecido una tomadura de pelo, este sería otro tema que tratar y que requirió unos cuántos antídotos más, porque creo que no fue hasta los 22 o 23 años que no entendí que yo no era idiota por no entender muchas de esas obras de arte, si no que dentro del “todo vale”, la mayor parte de las veces lo único que hay es un propósito por hacer algo simplemente rompedor. Pero no hay mucho o nada que entender, ni ninguna estética que apreciar.

Este verano he leído los dos libros del economista Don Thompson y la verdad es que ambos han sido edificantes y suculentos para entender los engranajes que mueven la industria del arte a estos niveles de museos, de ricos coleccionistas y de millones de dólares en los que muchas veces no hay una relación directa entre lo que vale objetivamente un cuadro o una escultura (horas de tiempo invertidas, calidad intrínseca de la obra) y lo que se paga por él. De hecho, los libros de Don Thompson te explican perfectamente cómo las reglas para la valoración no tienen en absoluto nada que ver con lo que acabo de decir. Más bien tienen que ver con inmensas campañas de marketing dirigidas a un público muy concreto al que se le vende todo el glamour que conlleva la obra, ya sea por la colección “prestigiosa” a la que ha pertenecido o por la historia extraordinaria que la ha acompañado.

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Subasta de una de las versiones de “El grito”, de Edward Munch, en la casa de subastas Sotheby’s de Nueva York.

Así, se puede entender incluso que poco importa que muchos de los artistas o autores actuales que aparecen mencionados en el libro ni siquiera hacen ellos mismos las obras. Solo las firman. También se puede entender que poco importa que muchas veces ni siquiera sepan dibujar, esculpir, filmar… Lo importante es que hay un postor, un valedor, al que probablemente muchas veces también le importa tres pitos la obra en sí, simplemente la van a sostener entre unos y otros porque la obra ya está en el mercado y los involucrados no quieren perder dinero. De esta manera, aparecen otras personas que tienen mucho dinero y que se quieren hacer un hueco entre este club selecto de personas que se puede permitir comprar cuadros de cientos de miles de euros o de millones de euros. Y tú te preguntarás: ¿Por qué? Pues porque para muchos que han hecho dinero, no importa que lo tengan si no lo pueden demostrar. Y en estos círculos, muchas veces da igual que lo que vayas a comprar te guste o no. Lo que importa es que era de tal magnate o que el autor la ha expuesto en tal museo de Nueva York, y eso es lo que podrás explicar a tus invitados cuando la vean en el salón de tu casa para que se caigan de culo con tu nuevo estatus. Si los pintores solemos tener un ego como una catedral y somos muy ambiciosos, los coleccionistas nos van a la zaga.

Sobre este último aspecto, la teoría que acompaña a la obra, ya avisaba Tom Wolfe en su libro “La palabra pintada”, en el que describe como en el transcurso del siglo XX la crítica y la teoría han ido dando forma al significado de obras e incluso en muchos casos sustituyendo la experiencia estética o la experiencia global que te ofrecía la obra en sí. También Sarah Thornton, en su libro “Siete días en el mundo del arte”, explicaba cómo es una clase en una universidad de arte de EEUU, en la cual todo gira en torno a un debate y a una idea que un alumno presenta para una obra de arte (que todavía está por hacer), y como la va argumentando ante sus compañeros y su profesor de antes de crearla.

“Si los pintores tenemos un ego como una catedral y somos muy ambiciosos, los coleccionistas nos van a la zaga”

Volviendo a Don Thompson, a este club selecto y a esta estructura piramidal que describe en su libro (cuánto más arriba, menos gente pero mucho más dinero). Todo esto daría bastante igual si no fuera porque con estas reglas el arte en sí queda pervertido. Las obras más famosas muchas veces no son las mejores. Esta perversión, que ya asomó una primera patita con Duchamp y luego nos puso la segunda con Warhol, es ahora un juego que va más allá de ser una transacción entre particulares, sino que hace muchas décadas que entró en todas las instituciones públicas y privadas. Entró para quedarse, y aquí es donde tengo una reserva sobre los libros de Don Thompson, pues si bien es cierto que se ciñe al aspecto económico de estos fenómenos, y que también en el primer libro (“El tiburón…”) expone que la calidad estética en el arte ha bajado en picado, creo que este último fenómeno es preocupante y que requería una mayor crítica por su parte. Al fin y al cabo, cualquier profesional se forma con años de experiencia (dicen que son necesarias 10.000 horas), y nadie diría de muchas de estas obras tan cotizadas que reflejen ser una materialización de toda una larga experiencia concentrada. En todo caso, muchos de estos autores tienen años de experiencia en especulación y en marketing y son verdaderos artistas en esos campos.

Es por ello que cuando Don Thompson se pregunta por los artistas influyentes del siglo XX o de la actualidad, resulta ingenuo poner solamente 25 o 30 de los que más ha oído hablar por las casas de subastas (básicamente se habla de Sotheby’s y Christie’s, las dos que mueven más pasta) y en las súper galerías (como él denomina a las que mueven más dinero). Se entiende que se está analizando básicamente el factor económico, pero en tal caso no se deberían usar términos como “los artistas más importantes”, puesto que a un nivel artístico es probable que muchas de esas obras de arte contemporáneo no pasen el examen que a todos nos brinda el tiempo, ni son ni siquiera en opinión consensuada consideradas como grandes obras.
Pero en este mercado, puramente capitalista, lo más candente es lo que más caro se vende. Las obras de  autores fallecidos, por la regla de la escasez están cotizadísimas (un Monet sale al mercado de uvas a peras, es escaso porque su obra está ya muy colocada y raras veces se mueve),  y obras de artistas muy cotizados, intentan vender alto (en los casos de estos libros, por las nubes) y mantener lo que conocemos como “caché”.

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Les femmes d’Alger, de Pablo Picasso, vendido en 2015 en Sotheby’s por 179,3 millones de dólares.

Pero, ¿y todo lo que está fuera de este selecto club? En el libro “Coleccionar arte contemporáneo” de Adam Lindemann aparecen imágenes de muchas de estas obras de galerías que están en la parte superior de la pirámide económica o que se han vendido en subasta por decenas de millones de euros. Es evidente que estas reglas que rigen este mercado, este reflejo del capitalismo que también acecha ferozmente al arte, deja fuera de la estructura del dinero, de la promoción y de marketing, a muchos artistas de primerísimo nivel que ves en otros ambientes y que tienen un bagaje sólido y una obra consistente que transmite mucho más que estas obras que se venden a estos precios desorbitados.

Eso es lo que me preocupa en el arte, que los valores y de la experiencia estética e intelectual estén sometidos al dinero. Pero es así, el dinero mueve el mundo en estos momentos, tiene sus propias reglas y hay que prestarles cierta atención para no quedar totalmente excluido.

“Según un estudio de Don Thompson, el 95% de un grupo de encuestados no colgaría en su casa ninguna obra de arte contemporáneo ni que se la regalaran”

En todo caso, este sistema basado únicamente en la abundancia material no satisface la demanda de algo más profundo para la mayoría de la gente. Y la prueba de esto es que, según Don Thompson, el 95% de un grupo de encuestados no colgaría en su casa ninguna obra de arte contemporáneo (obras en la línea de las que habla el libro) ni que se la regalaran.

Los juegos y las personas de las que nos habla el libro juegan a comprar y vender cuadros como si jugaran al monopoly comprando y vendiendo hoteles. Hay algunos que deciden quien cotiza millones, los mismos que fuerzan lo posible para que estas obras y estos artistas se muevan por la Royal Academy of Arts o la Tate de Londres, El Moma de Nueva York o el Louvre de Paris. Todo esto, repito, por intereses que en el fondo muchas veces poco tienen que ver con la calidad intrínseca y objetiva de cada obra. Lo que importa como coleccionista, recordemos, es ganar dinero por tus activos (las obras que cada coleccionista tiene) y ser influyente en el mercado.

Una cifra que menciona en ambos libros es la cantidad anual y oficial aproximada de dinero que se mueve en el mundo del arte. Para la edición del primer libro, habla de 42.000 millones de euros, y nos informa que es la cifra anual exacta que factura o facturó aquél año la empresa Apple. Una cifra relativa, que para mí no justifica en absoluto que algunas de estas obras mediocres se exhiban en el Louvre como si fueran la novena maravilla del mundo. De hecho, no hay nada que lo justifique, porque el mensaje que estamos dando a las futuras generaciones es que esas son las nuevas formas de arte y que hay mucho que ver en ellas. O quizá lo único que se les dirá a esos niños es que la obra había sido de la colección Rockefeller y que se vendió en una subasta por 45 millones de dólares.

“Según estas reglas, como coleccionista lo que importa no es la calidad de tus obras, si no el prestigio de las mismas (procedencia, historia…), la rentabilidad que tienen como activo y la aportación que te ofrecen como actor que influye en el mercado”

Estudié Historia del Arte algunos años y nunca he entendido porqué en clase se hablaba tanto de Andy Warhol. Nunca le vi nada especial a su obra y me extrañaba que en esa época no hubiera nada mejor que Warhol o Lichtenstein. Y hoy igual. Warhol me sigue pareciendo bastante fraudulento y oportunista. Nuestros hijos, nuestros nietos y bisnietos seguramente todavía estudiarán a Andy Warhol. Quizá también estudiarán al artista que colgó un caballo disecado del techo en el MACBA, y al que hace perros gigantes con globos, y al que diseca tiburones y cabezas de vaca y les pone un puro en la boca.

¿De verdad no se está haciendo nada mejor? ¿De verdad no podemos mirar un poco más allá del dinero y buscar artistas con un poco más de fuste y de experiencia estética?

Los que escriben tanto sobre estos récords de dinero en compraventas, quizá podrían mirar lo que se cuece en los concursos nacionales e internacionales o incluso en los concursos de pintura rápida. Podrían ir a ver Centros culturales. Ferias de arte de distinta índole y en distintos países. Podrían dar la oportunidad a bloggers que se dedican a descubrir nuevos talentos y que hacen un trabajo más de campo y ayudan a los que más lo necesitan y a los que más lo merecen.
Realmente, a los que sólo escriben sobre las casas de subastas y los millones de euros o las cotizaciones de este o aquél, creo que se les está escapando de las manos un mundo maravilloso que va evolucionando de verdad y que no tiene nada que ver con los billetes, sino más bien con aquello que nos hace humanos.

Entrevistas

Entrevista de Laura Cornadó a Miquel Cazaña: Segunda parte

  • ¿Se nace artista o un artista se crea con el tiempo?

    Las dos cosas.
    Por un lado, creo que nacer en ciertas condiciones puede favorecer el hecho de crear y de ser artista. En mi caso, por ejemplo, mi abuela era una muy buena pintora que, a pesar de las dificultades que tuvo que encarar por el hecho de ser mujer y también a causa de la sordera, consiguió vivir del arte durante una buena parte de su vida. De esta manera, yo tengo unos genes que facilitan que sea artista.
    Por otro lado, hay que ir labrándose con los años, desde joven, facilitando las circunstancias óptimas para que la planta crezca y se haga fuerte, imposible de tumbar. El hecho de crecer como artista implica dedicar muchas horas teniendo el arte como prioridad principal, trabajando en esta dirección sin pretender que todo vendrá sin esfuerzo.

  • Qué es más importante, ¿la técnica o la idea?

    50 – 50 yo diría. A veces tienes una idea brillante pero no la has sabido desarrollar bien, o al revés, tienes una idea regular pero gracias a la técnica queda muy resultona la propuesta. Yo creo que es muy importante ver que tienes un motivo que te ha inspirado profundamente y que por otro lado ves la manera de poderlo desarrollar.

  • ¿Consideras que la creatividad tiene fecha de caducidad?

    No, en absoluto.
    Creo que los que trabajan en aquello que les gusta no piensan cuánto les queda para jubilarse, ya que lo que hacen es su estímulo principal en la vida y, por lo tanto, si el cuerpo les acompaña, se dedican a ello hasta el final.

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    Miquel Cazaña en 2014, en la inauguración de la exposición “Homenaje a la Índia”, en la Fundación Academia de Bellas Artes de Sabadell.
  • ¿Crees que el arte es necesario?

    Por descontado. El arte no solo es necesario sino que es imprescindible.
    Hoy en día vivimos tiempos de bastante violencia y parece que cada uno mira por sí mismo y poco más. Supongo que siempre ha sido así pero ahora parece que cada vez más sea más así (o quizá ahora nos enteramos de todo). Creo que el arte es absolutamente necesario para demostrar que nos pasamos por alto muchos detalles que los artistas mostramos y damos a entender a través de nuestras exposiciones. Por ejemplo, si no fuera porque un artista plasma en un cuadro un árbol, un niño al lado de un río o un rincón de una ciudad de noche, en la mayoría de los casos no nos daríamos cuenta de la enorme belleza que escondía esa situación.
    Así pues, creo que el arte es imprescindible porque nos hacer ver todo aquello que a menudo se nos escapa y que es la esencia de la vida, pura poesía, un canto a la vida que no puede desaparecer ni desaparecerá nunca.

  • ¿Para qué crees que sirve el arte?

    Pienso que esta pregunta va muy ligada a la anterior. Escuchar una orquestra sinfónica o ver como un artista plasma un paisaje nos muestra a personas que canalizan este amor infinito que nos une a todos.Para mí, el arte sirve para plasmar este amor superior que nos engloba a todos en un plano físico en el que todos lo pueden apreciar.

  • ¿Cuál sería un elemento indispensable para un artista?

    Hay varios que son imprescindibles, pero quizá el más necesario de todos para este oficio es la perseverancia.

  • ¿El que copia una obra de arte es un artista?

    Yo personalmente no soy muy fan de copiar, pero soy diseñador gráfico y hace años había hecho algún rediseño de un logotipo ya existente. Era chulo porque, de alguna manera, era como revitalizar la idea inicial.
    En este sentido, aquel que consigue revitalizar la idea original y merjorarla es sin duda un artista. Pero vaya, creo que la pregunta iba más bien hacia el hecho de copiar obras maestras. En tal caso, en la inmensa mayoría de casos falta no se parte de la creatividad propia y además tampoco se supera el original.

  • ¿Me puedes decir un tópico sobre los artistas con el que estés de acuerdo?

    No. No te puedo decir ninguno porque el que más he escuchado es “vosotros sois raros” y no estoy de acuerdo con él. También hay muchos otros, ya no solamente sobre los artistas sino sobre el mundo del arte en general. Creo que se basan en ideas congeladas y que chocan con la realidad en muchas ocasiones.
    Por ejemplo, ese tópico que dice que si no es caro no es bueno. No estoy de acuerdo con él porque pienso que causa que todo el mundo aspire a cobrar una morterada por sus cuadros y a vender muchísimos, de manera que se crea una frustración cuando no es así, y además hace mucho daño tanto a los artistas como a esos que quieren comprar, ya que este tópico da a entender que para ser artista se debe aspirar a ser rico y famoso, mientras que en mi opinión ser artista parte de cualidades más internas que externas. Además, en la obra lo que se debe mirar es la calidad, la cual en muchas ocasiones no va en relación con el precio de cotización.

  • ¿Te ves bien valorado socialmente como artista?

    Sí, la verdad es que si. Ahora mismo me siento muy bien, me siento valorado y reconocido. Creo que este hecho se debe sobre todo al trabajo a conciencia que he hecho, intentando encontrar maneras para llegar a la gente, primero en mi entorno más cercano y después ampliándolo poquito a poco.
    Es muy importante el tema de la comunicación, que a veces dentro de las carreras artísticas queda un poco al margen, ya que es fundamental tener las herramientas adecuadas para llegar a la gente.

  • ¿El arte que haces te representa?

    Sí, porque mi pintura es realista y el realismo es lo que me sale de dentro. Va muy en la línea de lo que hacía mi abuela. Intento representar y continuar todo lo que ella empezó. Intentar hacer otra cosa sería pues una traición al estilo y a todo aquello que llevo en los genes.

  • ¿Te sientes artista?

    Sí. Cuando superas las dudas que tienes en los inicios, lo que queda es alguien que se levanta feliz por las mañanas porque trabaja en lo que le gusta y se siente doblemente reconocido, ya que además cuando presenta su obra ésa es comprendida, gusta y se vende.