Artículos sobre arte

Tópico nº3: En el arte todo depende de tener la suerte de estar en el momento justo con el producto adecuado

Esta cantinela la he escuchado cuatrocientas veces, y no se corresponde con lo que sucede en realidad en la inmensa mayoría de los casos en el mundo del arte:
En el arte todo depende de tener la suerte de estar en el momento justo con el producto adecuado.

Si bien es cierto que esta frase nos encauza a adecuar nuestro proyecto a lo que puede necesitar la sociedad, también lo es que cuando nuestra mente se apoya en una premisa como ésta el éxito depende del exterior, adoptamos una actitud oportunista en la que parece que podemos dejar de confiar en nuestras propias capacidades y propósitos para caer gratuitamente en hacer algo adaptado que no es genuino ni nos sale de dentro y, lo que es peor, algo que está sujeto a una circunstancia concreta exterior que puede volver a cambiar.

Habitualmente, esto lo dicen personas que acaban de enterarse de que nos dedicamos al arte. Y nos lo dicen porque no saben qué decir al respecto, y hacen una proyección mental: “¡Madre mía, si fuera yo artista no sabría ni por dónde empezar!”. Y presuponen que en el arte, lo más probable es que tengas muchas dificultades hasta que te ayude un magnate que comercialice tus obras a cifras astronómicas y las convierta en “bombazos”.

Estamos muy acostumbrados a hablar de “bombazos”, “braguetazos”, “pelotazos”. Me recuerda a la ilusión infantil de pensar que cuando nos toque la lotería seremos felices.

Lo que nos hará felices de verdad, a un nivel profundo, será ser conscientes de haber trabajado todo lo necesario para ver y vivir personalmente la construcción de un camino sólido y verdadero, hecho por nosotros. Y eso sucederá porque amamos ese camino sin reservas y creemos en él, poniendo todas las condiciones de nuestra parte para llevarlo a cabo.

La felicidad y la plenitud profesional siempre son temporales si todo pasa por estar pendientes de la aprobación del exterior y de las oportunidades que nos brinde el mercado. Nuestros potenciales clientes, las personas interesadas en el arte y, en definitiva, el mercado, nos devolverán lo que nosotros les demos. La iniciativa debe partir de un estímulo interno. Es más, si eres artista autónomo, a partir de ahora siempre será así. Tendrás que escuchar tu propia alma, ofreciendo una propuesta personal a los demás desde un punto de vista personal y único.

El estímulo siempre será interno, y nunca estará condenado al fracaso, como de forma subliminal indica esta premisa, que parece que se juega todo a una sola carta. Eso es absurdo porque como fuente de recursos que eres nunca dejarás de ofrecer propuestas, y en algunas de ellas tendrás más éxito y en otras un poco menos, pero en todas ellas aprenderás. 

Como receta para aquellos que esperan que el éxito venga inevitablemente desde fuera, allá van dos frases de dos artistas inteligentes con dilatadas y fructíferas carreras:
Woody Allen decía que el noventa por ciento del éxito se basa simplemente en insistir. Y Charles Chaplin decía que el secreto era tener fe en uno mismo. Que sin

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Charles Chaplin en la película El Chico (1921)

la absoluta confianza en sí mismo, estaríamos destinados al fracaso.

De la primera frase podemos extraer la palabra “Perseverancia”.

De la segunda frase podemos extraer la palabra “Fe”.

Hablaremos en un bloque posterior de estas aptitudes clave para profesionalizarse como artista a nivel autónomo, pero por ahora veamos cómo estas dos premisas nos alejan 180º de la premisa que habitualmente se suele indicar como la acertada. Fijémonos cómo en estos casos, desde el amor por tu propia elección, por tu propio camino, cultivas la perseverancia y la fe, y pasas de tener una actitud oportunista a poner toda la atención en la persistencia y en la confianza en ti mismo.

Trabajando desde la perseverancia y la fe has ganado el poder más grande de todos, el de confiar en tu camino y el de poder dirigirlo personalmente.

Cultivando la perseverancia y la fe a partir del amor por el camino elegido y para el cual trabajas, apuntalas con buenos cimientos el proyecto: ahora, el propósito interior es cristalino como el agua y sólido como una roca.

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