Diario de un pintor

Mi experiencia en los concursos de pintura rápida. Primera Parte

12 de julio de 2015:
Primer contacto con los concursos de pintura rápida

Hace casi un par de años, en julio de 2015, me picó la curiosidad por los concursos de pintura rápida.
Lo cierto es que no había investigado hasta entonces esta modalidad porque de entrada creo que ni siquiera tenía muy claro que existían o cómo funcionaban esos concursos de un solo día.

Era el 10 o el 11 de julio y, investigando por internet, descubrí que en uno o dos días después, el 12 de julio, iba a haber uno cerca de Barcelona, en Vilafranca del Penedès. Pensé que la mejor manera de ver cómo eran esos concursos era participando. Así que me construí un soporte de madera que entrara en las medidas de las bases y, el día 12, bien prontito por la mañana, me fui hacia Vilafranca del Penedès.

Desde el primer momento me fui percatando de cómo yo iba a ir cayendo en todos los errores de los novatos, uno detrás otro, empezando por la vanidad: pensaba que iba a ganar y que los demás no tenían nada que hacer, a pesar de que era el primer concurso de rápida al que yo iba. Esta me la llevé por la tarde, en la recepción de obras, pero sin duda fue en toda la frente.
La segunda novatada fue casi solapada con la primera: Si no recuerdo mal las inscripciones eran de 8 a 10. Yo fui pasadas las 9, y me di cuenta de cómo los demás pintores habían madrugado; ya habían hecho las inscripciones y ya estaban en marcha pintando a plena calle, algunos con bocetos bastante avanzados. No se me ocurrió otra cosa que pensar que yo no necesitaría tanto tiempo como ellos. Grandioso.

De camino hacia el lugar de inscripción había visto una calle que me había
llamado la atención y allí me dirigí una vez inscrito. Era una calle bastante pintoresca desde la que se veía el campanario de la iglesia del pueblo. Una imagen bastante bonita que normalmente habría resuelto con bastante gracia. Hasta vista-vilafrancahacía pocos meses lo hubiese hecho en lápiz y después en varias sesiones en acrílico. Pero por entonces ya estaba pintando en óleo y me apetecía pintar en ésa técnica. Por otro lado, no había posibilidad de dedicar más que una sesión, aunque larga (teníamos hasta las 16 o 17h).
Tras un boceto a lápiz empecé a manchar el cuadro con el óleo bastante diluído en aguarrás. Hasta el momento todo iba bastante bien, o al menos yo tenía buenas sensaciones. Era un boceto que pintaba bien; con bastante luz y en el que parecía que se podrían apreciar detalles. Pero no duró mucho la sensación de buen rollo. Para mí, ahora es bueno combinar el trabajo en pincel para óleo con el trabajo con espátula. Además, en un concurso de pintura rápida puede ir mucho mejor la espátula para mover la pintura de un lado hacia otro, incluso para retirarla. Cuando participé en ese concurso hacía muy poco que había vuelto a trabajar en óleo, y además no tenía ni espátula ni la usaba, con lo cuál poco a poco ese primer boceto interesante empezó a derivar en un pastiche de colores que se mezclaban e iban cuadre-vilafrancaensuciando la superficie de un lado para el otro. A ratos veía un cuadro sin garra, sin demasiada luz y sin demasiada intensidad en los colores.

Me iba centrando en definir los detalles para que por lo menos se viera que sabía dibujar, pero pronto me fui dando cuenta de que acechaba otro problema, este todavía más grave para mí en ese momento: La luz ya estaba cambiando de lugar. Lo que antes era sombra ahora estaba iluminado directamente por el sol. Y la luz incluso ya iluminaba de manera diferente cada parte del cuadro.

Poco a poco se fue acercando la hora de la entrega, y aunque no fue hasta las 16 de la tarde lo cierto es que tuve la sensación de que no me había sobrado tiempo precisamente, más bien había ido sacando los higadillos, puesto que estaba acostumbrado a hacer los cuadros en varias sesiones y no en un solo día.

Con cierta curiosidad por saber qué habrían hecho los demás pintores, me fui dirigiendo hacía el lugar donde habíamos hecho las inscripciones, que también sería el lugar de la entrega de premios. La sorpresa fue mayúscula: La gran mayoría de cuadros expuestos tenían un formato realmente grande y transmitían una gran sensación de acabado. Eran cuadros con bastantes detalles y con trazos definidos y seguros, o por lo menos resueltos y frescos. Realmente la mayoría de pintores parecía tener amplia experiencia en concursos de pintura rápida y no había asistido por asistir. Era una competencia muy fuerte y ese día yo no tenía experiencia suficiente como para competir con ellos. Mi cuadro era mucho más pequeño y eso hacía que llamase menos la atención, pero además daba menos sensación de terminado y era un poco gris. A continuación los ganadores de aquél día: Xavier Gabriel Puiggròs, Julio García Iglesias y Ramon Pujolà Font.

1r-vilafranca2n-vilafranca3r-vilafranca

Cosas que aprendí para el siguiente concurso:

  1. Llegar pronto a las inscripciones
  2. Trabajar un formato de lo más grande que se pueda.
  3. Trabajar más con espátula y menos con pincel
  4. Trabajar con una gama más reducida de colores para no perder tanto tiempo con las mezclas y centrarme más en los detalles.
  5. Definir yo cómo trabajaré la luz o inventármela. Pero nunca ir cambiándola a medida que pasa el día.
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