Artículos sobre arte

El espectáculo de los precios en el arte. Reflexiones sobre los libros de Don Thompson: El tiburón de 12 millones de dólares y La súper modelo y la caja de brillo

Una de las primeras experiencias en forma de antídoto que recuerdo con lo que comúnmente llamamos arte contemporáneo, fue la primera vez visité el MACBA (Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona).
Yo no tendría más de 15 años, y recuerdo que sólo entrar en el museo vimos un caballo real, disecado, colgando del techo por una soga atada al cuello. 
Desde luego el efecto fue desconcertante, por no decir que incluso me cabreé y me pareció una capullada total. Tanto, que no recuerdo nada más de esa exposición salvo una moto roja que había en la misma entrada. Una moto sin ninguna modificación aparente por parte del artista, salvo que en lugar de estar en la calle, estaba en un museo.

Desde entonces creo que estoy curado de espanto sobre lo que se puede llegar a ver. Han pasado más de veinte años desde entonces y he visto miles de exposiciones. Algunas buenas, otras una tomadura de pelo que no me ha comunicado nada a ningún nivel. La mayoría, no obstante, bastante frías aunque técnicamente muchas estuvieran bien hechas.
En cuánto a las que me han parecido una tomadura de pelo, este sería otro tema que tratar y que requirió unos cuántos antídotos más, porque creo que no fue hasta los 22 o 23 años que no entendí que yo no era idiota por no entender muchas de esas obras de arte, si no que dentro del “todo vale”, la mayor parte de las veces lo único que hay es un propósito por hacer algo simplemente rompedor. Pero no hay mucho o nada que entender, ni ninguna estética que apreciar.

Este verano he leído los dos libros del economista Don Thompson y la verdad es que ambos han sido edificantes y suculentos para entender los engranajes que mueven la industria del arte a estos niveles de museos, de ricos coleccionistas y de millones de dólares en los que muchas veces no hay una relación directa entre lo que vale objetivamente un cuadro o una escultura (horas de tiempo invertidas, calidad intrínseca de la obra) y lo que se paga por él. De hecho, los libros de Don Thompson te explican perfectamente cómo las reglas para la valoración no tienen en absoluto nada que ver con lo que acabo de decir. Más bien tienen que ver con inmensas campañas de marketing dirigidas a un público muy concreto al que se le vende todo el glamour que conlleva la obra, ya sea por la colección “prestigiosa” a la que ha pertenecido o por la historia extraordinaria que la ha acompañado.

sotheby
Subasta de una de las versiones de “El grito”, de Edward Munch, en la casa de subastas Sotheby’s de Nueva York.

Así, se puede entender incluso que poco importa que muchos de los artistas o autores actuales que aparecen mencionados en el libro ni siquiera hacen ellos mismos las obras. Solo las firman. También se puede entender que poco importa que muchas veces ni siquiera sepan dibujar, esculpir, filmar… Lo importante es que hay un postor, un valedor, al que probablemente muchas veces también le importa tres pitos la obra en sí, simplemente la van a sostener entre unos y otros porque la obra ya está en el mercado y los involucrados no quieren perder dinero. De esta manera, aparecen otras personas que tienen mucho dinero y que se quieren hacer un hueco entre este club selecto de personas que se puede permitir comprar cuadros de cientos de miles de euros o de millones de euros. Y tú te preguntarás: ¿Por qué? Pues porque para muchos que han hecho dinero, no importa que lo tengan si no lo pueden demostrar. Y en estos círculos, muchas veces da igual que lo que vayas a comprar te guste o no. Lo que importa es que era de tal magnate o que el autor la ha expuesto en tal museo de Nueva York, y eso es lo que podrás explicar a tus invitados cuando la vean en el salón de tu casa para que se caigan de culo con tu nuevo estatus. Si los pintores solemos tener un ego como una catedral y somos muy ambiciosos, los coleccionistas nos van a la zaga.

Sobre este último aspecto, la teoría que acompaña a la obra, ya avisaba Tom Wolfe en su libro “La palabra pintada”, en el que describe como en el transcurso del siglo XX la crítica y la teoría han ido dando forma al significado de obras e incluso en muchos casos sustituyendo la experiencia estética o la experiencia global que te ofrecía la obra en sí. También Sarah Thornton, en su libro “Siete días en el mundo del arte”, explicaba cómo es una clase en una universidad de arte de EEUU, en la cual todo gira en torno a un debate y a una idea que un alumno presenta para una obra de arte (que todavía está por hacer), y como la va argumentando ante sus compañeros y su profesor de antes de crearla.

“Si los pintores tenemos un ego como una catedral y somos muy ambiciosos, los coleccionistas nos van a la zaga”

Volviendo a Don Thompson, a este club selecto y a esta estructura piramidal que describe en su libro (cuánto más arriba, menos gente pero mucho más dinero). Todo esto daría bastante igual si no fuera porque con estas reglas el arte en sí queda pervertido. Las obras más famosas muchas veces no son las mejores. Esta perversión, que ya asomó una primera patita con Duchamp y luego nos puso la segunda con Warhol, es ahora un juego que va más allá de ser una transacción entre particulares, sino que hace muchas décadas que entró en todas las instituciones públicas y privadas. Entró para quedarse, y aquí es donde tengo una reserva sobre los libros de Don Thompson, pues si bien es cierto que se ciñe al aspecto económico de estos fenómenos, y que también en el primer libro (“El tiburón…”) expone que la calidad estética en el arte ha bajado en picado, creo que este último fenómeno es preocupante y que requería una mayor crítica por su parte. Al fin y al cabo, cualquier profesional se forma con años de experiencia (dicen que son necesarias 10.000 horas), y nadie diría de muchas de estas obras tan cotizadas que reflejen ser una materialización de toda una larga experiencia concentrada. En todo caso, muchos de estos autores tienen años de experiencia en especulación y en marketing y son verdaderos artistas en esos campos.

Es por ello que cuando Don Thompson se pregunta por los artistas influyentes del siglo XX o de la actualidad, resulta ingenuo poner solamente 25 o 30 de los que más ha oído hablar por las casas de subastas (básicamente se habla de Sotheby’s y Christie’s, las dos que mueven más pasta) y en las súper galerías (como él denomina a las que mueven más dinero). Se entiende que se está analizando básicamente el factor económico, pero en tal caso no se deberían usar términos como “los artistas más importantes”, puesto que a un nivel artístico es probable que muchas de esas obras de arte contemporáneo no pasen el examen que a todos nos brinda el tiempo, ni son ni siquiera en opinión consensuada consideradas como grandes obras.
Pero en este mercado, puramente capitalista, lo más candente es lo que más caro se vende. Las obras de  autores fallecidos, por la regla de la escasez están cotizadísimas (un Monet sale al mercado de uvas a peras, es escaso porque su obra está ya muy colocada y raras veces se mueve),  y obras de artistas muy cotizados, intentan vender alto (en los casos de estos libros, por las nubes) y mantener lo que conocemos como “caché”.

sotheby2
Les femmes d’Alger, de Pablo Picasso, vendido en 2015 en Sotheby’s por 179,3 millones de dólares.

Pero, ¿y todo lo que está fuera de este selecto club? En el libro “Coleccionar arte contemporáneo” de Adam Lindemann aparecen imágenes de muchas de estas obras de galerías que están en la parte superior de la pirámide económica o que se han vendido en subasta por decenas de millones de euros. Es evidente que estas reglas que rigen este mercado, este reflejo del capitalismo que también acecha ferozmente al arte, deja fuera de la estructura del dinero, de la promoción y de marketing, a muchos artistas de primerísimo nivel que ves en otros ambientes y que tienen un bagaje sólido y una obra consistente que transmite mucho más que estas obras que se venden a estos precios desorbitados.

Eso es lo que me preocupa en el arte, que los valores y de la experiencia estética e intelectual estén sometidos al dinero. Pero es así, el dinero mueve el mundo en estos momentos, tiene sus propias reglas y hay que prestarles cierta atención para no quedar totalmente excluido.

“Según un estudio de Don Thompson, el 95% de un grupo de encuestados no colgaría en su casa ninguna obra de arte contemporáneo ni que se la regalaran”

En todo caso, este sistema basado únicamente en la abundancia material no satisface la demanda de algo más profundo para la mayoría de la gente. Y la prueba de esto es que, según Don Thompson, el 95% de un grupo de encuestados no colgaría en su casa ninguna obra de arte contemporáneo (obras en la línea de las que habla el libro) ni que se la regalaran.

Los juegos y las personas de las que nos habla el libro juegan a comprar y vender cuadros como si jugaran al monopoly comprando y vendiendo hoteles. Hay algunos que deciden quien cotiza millones, los mismos que fuerzan lo posible para que estas obras y estos artistas se muevan por la Royal Academy of Arts o la Tate de Londres, El Moma de Nueva York o el Louvre de Paris. Todo esto, repito, por intereses que en el fondo muchas veces poco tienen que ver con la calidad intrínseca y objetiva de cada obra. Lo que importa como coleccionista, recordemos, es ganar dinero por tus activos (las obras que cada coleccionista tiene) y ser influyente en el mercado.

Una cifra que menciona en ambos libros es la cantidad anual y oficial aproximada de dinero que se mueve en el mundo del arte. Para la edición del primer libro, habla de 42.000 millones de euros, y nos informa que es la cifra anual exacta que factura o facturó aquél año la empresa Apple. Una cifra relativa, que para mí no justifica en absoluto que algunas de estas obras mediocres se exhiban en el Louvre como si fueran la novena maravilla del mundo. De hecho, no hay nada que lo justifique, porque el mensaje que estamos dando a las futuras generaciones es que esas son las nuevas formas de arte y que hay mucho que ver en ellas. O quizá lo único que se les dirá a esos niños es que la obra había sido de la colección Rockefeller y que se vendió en una subasta por 45 millones de dólares.

“Según estas reglas, como coleccionista lo que importa no es la calidad de tus obras, si no el prestigio de las mismas (procedencia, historia…), la rentabilidad que tienen como activo y la aportación que te ofrecen como actor que influye en el mercado”

Estudié Historia del Arte algunos años y nunca he entendido porqué en clase se hablaba tanto de Andy Warhol. Nunca le vi nada especial a su obra y me extrañaba que en esa época no hubiera nada mejor que Warhol o Lichtenstein. Y hoy igual. Warhol me sigue pareciendo bastante fraudulento y oportunista. Nuestros hijos, nuestros nietos y bisnietos seguramente todavía estudiarán a Andy Warhol. Quizá también estudiarán al artista que colgó un caballo disecado del techo en el MACBA, y al que hace perros gigantes con globos, y al que diseca tiburones y cabezas de vaca y les pone un puro en la boca.

¿De verdad no se está haciendo nada mejor? ¿De verdad no podemos mirar un poco más allá del dinero y buscar artistas con un poco más de fuste y de experiencia estética?

Los que escriben tanto sobre estos récords de dinero en compraventas, quizá podrían mirar lo que se cuece en los concursos nacionales e internacionales o incluso en los concursos de pintura rápida. Podrían ir a ver Centros culturales. Ferias de arte de distinta índole y en distintos países. Podrían dar la oportunidad a bloggers que se dedican a descubrir nuevos talentos y que hacen un trabajo más de campo y ayudan a los que más lo necesitan y a los que más lo merecen.
Realmente, a los que sólo escriben sobre las casas de subastas y los millones de euros o las cotizaciones de este o aquél, creo que se les está escapando de las manos un mundo maravilloso que va evolucionando de verdad y que no tiene nada que ver con los billetes, sino más bien con aquello que nos hace humanos.

Anuncios
Artículos sobre arte

Aplicar veladura en una pintura al óleo

Si estás trabajando en un cuadro que tiene un buen nivel de dibujo pero en el que hay problemas de color, como pueden ser colores chillones, colores apagados o, simplemente, te gustaría darle un aspecto monocromático, seguramente la veladura es una buena solución para ese cuadro.

Uno de los innumerables recursos con los que contamos en la pintura al óleo son las veladuras. Si bien es cierto que en acrílico también se pueden emplear, a mi parecer relucen con mayor esplendor en la pintura al óleo. Una vez más, el lento secado de los aceites permite moldear la pintura a nuestro gusto, durante más rato y ofreciendo un resultado más brillante y artístico.
También la podemos aplicar en acrílico, desde luego, y como siempre el cuadro se va a secar antes, pero el inconveniente será que la sensación de transparencia será inferior o, lo que es peor, en caso de que no la apliquemos con mucha pericia, si el color de la veladura es oscuro ésta puede parecer que se ha hecho con agua sucia.

Hace casi un año participé en el concurso de pintura rápida de Lesaka, en el norte de Navarra. Día gris, motivo desconocido para mí ya que no había ido antes a buscar el lugar que iba a pintar (ni siquiera conocía el pueblo hasta ese día), y poco tiempo puesto que el concurso era de mañana (hasta las 14h).

Con sólo cuatro concursos de pintura rápida a mis espaldas (aunque con premio en uno de ellos y venta en otro) tenía potencialmente por delante a otros pintores que podrían presentar cuadros más acabados y más definidos que el mío. Igual que me había pasado en los primeros concursos de pintura rápida, un inicio prometedor con un manchado interesante dio pie a media mañana a un cuadro un pelín sucio en cuánto a colores y falto de vida en general.
Es lo que pasa cuando estás acostumbrado a trabajar en estudio y en varias sesiones, que te planteas los cuadros y las modificaciones a largo plazo y te cuesta resolverlo todo en unas pocas horas. Y es por eso que admiro a los pintores de rápida, porque alucino con el factor velocidad, que si bien les obliga a pasar por encima de muchos detalles, presentan siempre cuadros impactantes y con mucha impresión de acabado.

lesaka-concurso

Mi cuadro de Lesaka (sobre estas líneas tal como lo presenté) gustó a los asistentes pero ese día no obtuve galardón alguno. Las dimensiones cuentan sin duda; para los concursos de rápida cuánto más grande mejor. El mío no era de los más grandes. Habitualmente intento esquivar los tamaños tan grandes porque después me cuestan más de vender. Tiene que ser un motivo maravilloso, y muchas veces en un concurso de rápida no nos da tiempo de encontrar ese “motivo maravilloso”.

Con voluntad de pulir y perfeccionar ese cuadro, ya en el estudio me puse a pensar en opciones para darle un “toque” y verlo como un cuadro que yo mismo compraría. Primero le añadí nieve, aunque me continuaba pareciendo soso y sin motivos a destacar. Quizá también había luz demasiado veraniega para ser un día de invierno o nevado por lo menos.

lesaka-1

Luego pensé en las típicas imágenes de Laponia, y me acordé de cuando Papá Noel está terminando de dar de comer a sus renos y sale ya de casa con todos los regalos de todos los niños del mundo, y pensé que ese tipo de luz de noche mágica de navidad era la que me apetecía que este cuadro tuviera. Así que, sin pensarlo más, mezclé esencia de trementina y aceite de linaza y le añadí el azul, creo que azul cobalto con algo de negro.

Finalmente, encendí las luces de todas las casas de la aldea y puse a pasear una pareja de enamorados con un perro, para añadir algo de vida al cuadro.

lesaka-5

En el siguiente video os haréis una idea de todo el proceso desde el principio.

Artículos sobre arte

Dibujar al natural: Parte 2

¿Cómo evolucionar poniendo obstáculos a nuestra mente?

Dibujar con la mano izquierda

Hace dos artículos expliqué las razones por las cuales me parece tan importante dibujar al natural como fuente de aprendizaje. No obstante, en este caso quiero ampliar esa información y, a partir del propio ejercicio de dibujar al natural, introducir algunas variantes para aprender cómo son las cosas y además experimentar con nuevos lenguajes.

En 2004, cuando estaba terminando mis estudios de ilustración en la Escuela Massana de Barcelona, decidimos con el tutor que me evaluaba el proyecto final que éste podría ser un cuaderno de viaje. Él había visto los cuadernos de mis viajes a Centroamérica y a la Índia y le habían interesado por la explicación detallada que ofrecían del viaje. Nos llamaba la atención esa posibilidad documentalista o periodística que tiene el dibujo al natural, como en el caso de los dibujos que siguen, dos apuntes del viaje a la Índia que acababa de realizar.

Después de dar algunas vueltas, quedamos en hacer un cuaderno de viaje orientado hacia el fenómeno de la inmigración vivido a pie de calle. Pero el asunto que quiero destacar, más allá del tema, es la técnica. Mi tutor me dijo que la realidad que ofrecía en esos dibujos al natural de los viajes era muy realista, casi fotográfica, hasta el punto de parecer estática o carente de emociones. Me dijo que quizá me faltaba personalizarla un poco. Y la verdad era que casi todo hasta ese momento eran líneas finas hechas directamente con pilot, cuando lo que vemos se puede representar de infinitas otras maneras aparte de esa (aunque es cierto que esa es la que más te puede ayudar a mejorar en dibujo a mano alzada). Para lo que yo iba a hacer, que era un trabajo con un componente emocional bastante fuerte (la vida en la calle de personas sin recursos) necesitábamos algo más de distorsión, de movimiento y de contrastes. Así que me puse a hacer pruebas con rotuladores rotos y otros rotuladores de punta muy gruesa. También pensé en la posibilidad de dibujar con la otra mano a ver qué pasaba y, ni corto ni perezoso, me puse a dibujar con la mano izquierda.

El resultado, como se puede en los dibujos sobre estas líneas, no tenía nada que ver. Mientras dibujaba con la mano izquierda sentía que quería hacerlo bien a toda costa pero que era prácticamente imposible: Los trazos se torcían cada dos por tres y eran un poco grotescos, aunque el resultado me gustaba, justamente porque me llegaba más a las emociones y al corazón y menos a la razón como hasta ese momento. También notaba que estaba trabajando desde otro lugar, y es que al cambiar de mano estaba trabajando con el hemisferio derecho del cerebro, que no tiene nada que ver con la parte racional y analítica del hemisferio izquierdo. Trabajaba desde un lugar que al parecer tiene más que ver con las emociones, con el sentir directo. Y así me parecía.

Hice todo ese trabajo con la mano izquierda, con más de 50 ilustraciones, todas ellas con una primera capa en rotuladores negros hecha en la calle, y una segunda capa realizada en gouache a posteriori y mezclada con la primera por ordenador. El trabajo fue puntuado con la máxima nota y al cabo de dos años fue publicado por la editorial TABELARIA con el título De Barcelona al Món (De Barcelona al Mundo).

Ilustraciones para adultos en el libro De Barcelona al Món, con textos de Pau Mota. Illustrations for adults in the book From Barcelona to the World, with Pau Mota as a writer

De Barcelona al Món. Un cuaderno de viaje sobre la inmigración en Barcelona dibujado íntegramente con la mano izquierda. Fue el proyecto final de ilustración en la Escuela Massana. Puntuado con una Matrícula de Honor en 2005 por el jurado de la escuela. Publicado en 2007 por la editorial Tabelaria.

 

Ilustraciones para adultos en el libro De Barcelona al Món, con textos de Pau Mota. Illustrations for adults in the book From Barcelona to the World, with Pau Mota as a writer

En este caso, una escena del racismo que vi en directo en la Vila Olímpica y que forma parte de este paseo que nos explica el libro. Al atardecer, los chicos del fondo al lado del taxi insultaron a la chica a la derecha del dibujo. Por tener la piel de un color diferente al de ellos y por parecer vagabunda. Así de fácil, y así de estúpido. Después de su aportación, gracias a Dios los dos chicos se fueron y la chica se sentó en el banco en el que yo estaba y charlamos un rato. No recuerdo muy bien sus palabras (tengo que releer mi propio libro) pero fue muy agradable. Cada persona es un mundo de posibilidades.

 

Ilustraciones para adultos en el libro De Barcelona al Món, con textos de Pau Mota. Illustrations for adults in the book From Barcelona to the World, with Pau Mota as a writer

Dibujo de unos músicos búlgaros tocando una fantástica música al lado del Corte Inglés de Plaza Catalunya. Igual que en el caso anterior, después de tocar el tema vinieron a hablar conmigo y, aunque no hablaban castellano ni yo búlgaro, nos entendimos perfectamente: les encantaron mis dibujos y me dejaron un cartón para que no estuviera yo sentado directamente en el suelo. 

Así que, por la experiencia y por la posibilidad que tuve de avanzar hacia otro lenguaje nuevo, más expresivo y contundente, no puedo hacer otra cosa que recomendar esta técnica.

Si eres ilustrador o pintor y has tenido una experiencia similar con ésta u otra técnica la verdad es que me encantará escuchar tus palabras.

Artículos sobre arte

Dibujar al natural

¿Por qúe es tan beneficioso para los ilustradores y pintores tomar apuntes de lo que ven y dibujar al natural?

Dibujar al natural es, si no la mejor, una extraordinaria manera de aprender a dibujar y una fantástica base tanto si uno trabaja como ilustrador como si es pintor.

Y esto es así porque dibujando al natural perfeccionamos nuestro nivel de dibujo y aprendemos por nuestra propia cuenta cómo son las cosas que nos rodean. Vamos generando una extensa biblioteca particular de imágenes a partir de la cual salimos de la ingenuidad de presuponer el mundo para entrar en la veracidad de conocerlo y habernos adentrado en él. Y esa reserva de conocimiento ya nos acompaña durante toda nuestra vida profesional y se refleja en nuestros trabajos con un trazo más limpio y seguro, más experimentado y que está en condiciones de jugar más y mejor con los lenguajes.

india
Dibujando en Jaipur, Índia, en 2004, ante un grupo de personas que pasaban por ahí y que tuvieron curiosidad por ver de cerca el ejercicio y el trabajo.

Si hemos dibujado un roble doce veces, podremos tener una noción del mismo bastante más sólida que si no lo hemos dibujado nunca. De hecho, una cosa es verlo y otra dibujarlo; al dibujar las cosas las procesamos a un nivel mucho más profundo que si las estuviéramos simplemente viendo. Es lo mismo que estudiar leyendo el texto o estudiar escribiendo un resumen de lo que tienes que aprender. En el segundo caso, aunque lleve más tiempo, el estudio es mucho más efectivo y penetra y se retiene bastante más.

avio-guate
Entre el dibujo de arriba y el de abajo hay unos 80 días de diferencia y más de 300 dibujos en este mismo estilo (pilot sobre cartulina). En 2003 realicé un viaje de casi tres meses a varios países de Centroamérica y aproveché para poner en marcha la cámara fotográfica que los dibujantes tenemos en nuestras manos. El primer dibujo es del viaje de ida y el segundo es del viaje de vuelta. Me propuse hacer una serie de dibujos cada día como reto personal para mejorar mis habilidades de dibujo, y si observamos con detenimiento un dibujo y otro veremos que hay diferencias notables en cuánto a decisión del trazo, definición y concreción. Recuerdo perfectamente como a la vuelta de ese viaje me sentía perfectamente capaz de dibujar cualquier cosa que se me presentara delante de mí.

Además, es un sencillo y maravilloso trabajo para aquietar la mente y abrir el espíritu, para volver a apreciar una realidad que muchas veces nos pasa desapercibida o directamente rechazamos de forma subconsciente porque pensamos que ante nuestros ojos debería haber otra cosa.

Es una vuelta al aquí y ahora. Un trampolín para abrazar con el alma lo que tienes delante, sea lo que sea, hasta el punto de que a veces parece que lo estuvieras creando en ese mismo momento. Ya que adquieres unos nuevos ojos, más científicos y más compasivos, que te empujan a conectar con la esencia de las cosas a través del alma, a reconciliarte contigo mismo y con el mundo.

En este video que sigue muestro una de mis técnicas más recurrentes y sencillas para tomar apuntes del natural: rotulador y pilot sobre libreta de cartulinas. En este caso, a partir de una visita a Aquitania (Francia) a principios de 2017.

Artículos sobre arte

El artista y la sociedad: la presión exterior

¿Eres artista? ¿Como Picasso? ¿Y se puede vivir de “eso”?

Más allá de nuestro entorno cercano es habitual cuando empiezas y dices que te dedicas al arte y además como autónomo que te miren como si te tuvieran que dar el pésame porque tienes una enfermedad incurable. El sufrimiento se capta en sus ojos como si vieras a alguien que sufre porque sabe que vas a ser ahorcado. Dan ganas de decirles: “¡Era broma!, ¡Puedes estar tranquilo!”

La verdad es que por más que pasen los años la mayoría de nosotros continuamos anclados a nuestras ideas, hasta el punto de que reaccionamos con ellas en todo momento antes de optar por abrir los ojos y descubrir nuevos mundos. “Nunca tendrás estabilidad económica”, “cualquier día te puedes quedar tirado”, y lo que piensan y no te dicen: “eso no es un trabajo”. Las reacciones suelen ir del desconocimiento más absoluto a la lástima por ti y por tu elección de vida. A veces era y es hasta gracioso desde un punto de vista antropológico, porque llega un punto en que sabes de sobras que estás preparado y que tienes recursos suficientes como para vivir tranquilo una vida profesional expansiva y rica, y sin embargo ves personas con un conjunto de ideas que no se ajustan con la realidad:

– si estás en casa es que eres un gandul.
– del arte no se vive
– lo que haces no es necesario

Todas estas ideas son proyecciones personales de quien las hace. Cuánto más alarmantes son más miedo tiene esa persona en concreto. Estas ideas son un indicador fiable de cuánto valora la seguridad económica esa persona y cuánto desconoce el mundo del arte. Esa persona no se ve preparada para hacer frente a una situación como autónomo o como emprendedor, al margen de que desconozca las posibilidades y el mercado del arte. Pero eso no puede ni debe influirnos en nada en nuestra decisión. Nosotros hemos decidido apostar firmemente por la libertad, y de entrada la seguridad económica la tendremos que trabajar. Pero lo cierto es que si hemos nacido para desarrollarnos en el arte no habrá traición más grande que hacer algo que no tenga nada que ver, y menos aún porque lo ha dicho alguien, sea quien sea.

En última instancia se supone que a cierta edad uno tiene que aparcar sus sueños y dedicarse a “trabajar de verdad”

“Ponte un límite de edad”, me dijo una novia que tuve. Gracias a Dios que nunca lo hice y lo que era limitado y quedó limitado fue la relación con ella. Y es que ese tipo de frases me chirriaban más que ninguna otra cosa: ¿Qué límites le voy a poner a la expresión más íntima de mi alma, a aquello para lo que he nacido?
Pero en fin, para algunas personas lo que se hace en el mundo del arte no es un trabajo ni lo será nunca. Creen que al trabajo se va a disgusto, padeciendo y fastidiado. Y como aparentemente no padecemos porque hacemos lo que nos gusta y además desde donde elegimos nosotros, pues eso desconcierta mucho y da por pensar que quizá eso es de gandules.

Nada viene de regalo. Muchos autónomos que trabajamos en soledad tenemos que lidiar con cantidad de retos que iré tratando más adelante, pero que van de la necesidad de autodisciplina a la falta de contacto con los demás… Algunas cosas se pueden trabajar y te enriquecen (lo primero) y otras van intrínsecas en la profesión (lo segundo) y son un inconveniente como el que pueda haber en cualquier otro trabajo, desde luego.

En cuánto a las opiniones de los demás, no podemos cambiar su manera de pensar. Mejor que lo que digan o piensen las personas sin experiencia en el mercado artístico nos entre por una oreja y nos salga por la otra. Y cuánto antes mejor. De verdad. Tenemos que escucharnos a nosotros mismos y confiar en nuestras capacidades; en desarrollar nuestro potencial y en hacer crecer nuestro negocio día tras día para ir viendo por qué fascinantes caminos nos lleva.

El mundo del arte es verdaderamente creativo y, sobre todo, es real y tangible como forma de vida. Nos expandirá enormemente nuestra alma y nuestra mente, así que no perdamos tiempo escuchando a las personas que no han tenido posibilidades de ir más allá de sus ideas infundadas.

Artículos sobre arte

Tópico nº 6: Las galerías de arte marcan el camino

¿Crees que si no haces un mínimo de diez exposiciones en galerías no serás lo que se dice un “artista de renombre”?

El mundo está cambiando muy rápidamente y actualmente la vida profesional de un artista nada tiene que ver con lo que era hace 20, 30 o 50 años. Estamos en la era de la información y actualmente a través de internet tenemos innumerables maneras de darnos a conocer por apenas ningún tipo de inversión.

Por un lado, buenas noticias, puesto que no hace falta empezar con un patrimonio económico fuerte para meter la cabeza en el mundo del arte. Por otro lado, hay que poner mucha atención a todos los factores que influyen en el nuevo tablero de juego. Para empezar, es imprescindible navegar por internet e invertir tiempo en descubrir las innumerables plataformas que hay, así como escribir y explicar nuestros procesos, ya sea en artículos o haciendo videomarketing, buscando y estableciendo relación con los bloggers que potencian trabajos como el nuestro, así como fuera de internet, buscando espacios multidisciplinares con afluencia de gente en los sea posible exponer (restaurantes, hoteles, centros cívicos).

Entonces, ¿las galerías han pasado a la historia?

Creo y espero que no. Las galerías siempre han tenido un papel muy importante como difusores principales de arte, con personas con la formación específica adecuada para instruir a los visitantes acerca de los artistas que exponen. Esperemos que continúen teniendo un papel relevante. Pero creo que para un artista, hacer carrera en las galerías físicas como única vía de promoción es tremendamente arriesgado en estos momentos y probablemente una fuente insuficiente de ingresos si queremos vivir solamente del arte. Creo sin duda que las galerías físicas también tienen que vivir esta mutación que dictan nuestros tiempos y actualizarse ofreciendo una propuesta cercana, útil y con gancho, si quieren tener afluencia de visitantes y ventas, ya que ya han llegado las galerías online y han llegado para quedarse y para reinventarse todo lo que la situación exija, tanto las que venden nuestros cuadros (artelista, picassomio, artmajeur) como las que aplican nuestros diseños y los imprimen en lienzos o incluso en otro tipo de objetos como tazas, cortinas, cojines… (society6, latostadora, fine art america, cafepress). Como siempre, yo recomiendo no cerrarse a una sola opción. Probarlas todas e ir combinándolas.

Lo cierto es que todavía quedan buenos marchantes de arte y si buscamos los encontraremos. Asimismo. teniendo un gran volumen de obra de calidad y estando visibles en internet, también nos encontrarán ellos a nosotros. 

También es muy aconsejable exponer en otros países y hay galeristas que se dedican a promocionar a los artistas por inversiones asumibles, presentando las obras en ferias internacionales en las que el artista es representado junto con otros artistas. Esos galeristas tienen amplia experiencia a nivel internacional y su ayuda será realmente bienvenida para nosotros. Además, los costes se reducirán mucho si los comparamos con lo que cuesta montar una exposición individual en un país lejano.

En todo caso, estemos en el momento que estemos no debemos olvidar que nuestro currículum no lo componen la larga lista de galerías en las que hemos expuesto si no la calidad de los trabajos concretos que presentamos. Eso es lo que la gente se plantea cuadro ve un cuadro nuestro; si le gusta como para tenerlo y si verdaderamente entonaría en su casa.

 

Dentro del abanico de posibilidades que tenemos hoy en día, además de las galerías yo destacaría estas otras:

Galerías online

Son cada vez más frecuentes y tienen cada vez más peso. Además, es un hecho que van incrementando su volumen de ventas año tras año (7% de incremento en 2016 respecto a 2015). Es cierto que aún andamos con miedo a la hora de comprar por internet, y más cuando se trata de una pintura, pero a mí me funcionan cada vez más y ya he vendido una larga lista de cuadros mediante galerías online. Al final, si la fotografía colgada se ajusta a la realidad y hay una descripción detallada de la obra con imágenes adicionales del marco y especificaciones del envío, las dudas para el potencial cliente son mínimas y nosotros ganaremos un canal de difusión. Cuantas más obras hayamos vendido, más sensación de garantía ofreceremos a las personas que observen nuestras obras y visiten nuestros perfiles. Otra razón por la que, por mi experiencia, me ha valido la pena no entusiasmarse demasiado poniendo precios verdaderamente elevados.

Importante en este punto tener en cuenta todo lo que hay (desde la necesidad de hacerse una página de Facebook hasta la opción de mirar galerías online de otros países en los que queramos penetrar) para ir probando e ir descubriendo qué es lo que nos conviene más.

 

Centros Cívicos

A menudo están céntricos, tienen grandes dimensiones y buena iluminación. ¿Qué más queremos? Si nos trabajamos una buena promoción podemos tener unas condiciones inmejorables. Aquí en la mayoría de casos no nos van a cobrar nada por exponer y, aunque a veces está prohibida la venta, suelen ser permisivos en muchas ocasiones. Al fin y al cabo, lo que nos interesa es exponer, lo que hagamos después con los contactos que hayamos hecho durante la exposición es cosa nuestra y de nuestros contactos / amigos / clientes.
Esta opción es muy interesante porque el beneficio de las obras vendidas es íntegramente para nosotros. No hay un intermediario que vive profesionalmente de los beneficios de la exposición, sino un espacio público multidisciplinar dirigido por personas que trabajan para el ayuntamiento de la ciudad.  En algunos casos ofrecen una promoción de la exposición bastante destacable y son lugares comunes para los amantes del arte de esas ciudades, como puede ser el caso de Casa de Vacas en el parque del retiro de Madrid, los espacios de exposición de la Ciudadela de Pamplona, o la Casa Elizalde en la calle Valencia de Barcelona. Pero hay muchísimos más, y como siempre el éxito dependerá en gran medida de nuestro ingenio y de nuestra capacidad de convocatoria.

Inauguración de la exposición Homenaje a Marruecos por Miquel Cazaña. Exhibition of paintings about Morocco by the spanish artist Miquel Cazaña

En la foto superior, inauguración de una de mis primeras exposiciones, “Homenaje a Marruecos”. Enero de 2013 en el Centro Cultural la Farinera del Clot de Barcelona. Fue la cuarta exposición individual, la tercera en ese Centro Cívico. Nunca pude saber la cantidad exacta de asistentes a esa inauguración pero fueron entre 150 y 200. Muchos de ellos conocidos y amigos con los que he ido estableciendo relación a través de los años y en distintos ambientes. En muchos casos vinieron acompañados. La campaña de promoción se basó en tres tandas de e-mails (dos de ellos llevaban a un link con un video promocional), avisos vía whatsapp (con el video comprimido) campaña en facebook explicando el vínculo emocional entre la exposición que se iba a ver y mis dos viajes a Marruecos, y aviso a plataformas y medios locales. Las obras presentadas eran alrededor de 40 y en su mayoría de formato pequeño y mediano. Los precios oscilaban entre los 100 y los 600 euros. Las técnicas eran diversas: acuarelas, acrílicos, gouaches, técnica mixta. El resultado fue de un número mínimo estimado de asistentes de más de 1.000. 26 obras vendidas. Alrededor de 5.000 euros de ganancias.  Contento teniendo en cuenta que era enero y que estábamos oficialmente en plena crisis. Fue otra de las experiencias que me hizo cerciorarme otra vez más de que valía la pena tener muchas obras pero de importe moderado para poder venderlas constantemente. Diversificar los ingresos parar poder venderlas todo el tiempo. A partir de esa exposición surgieron otros encargos y tuve unos cuantos trabajos de ilustración al margen, además de dos exposiciones más de pintura ese mismo año, con más ventas, más contactos, etc.

 

Otros espacios públicos

Los espacios públicos como restaurantes, hospitales, hoteles… Son interesantes desde el momento en que tienen mucha afluencia de personas que, aunque acudan al lugar por otros motivos, acaban teniendo una experiencia con el arte, por muy fortuita que sea. En mí caso, gracias al continuo movimiento he vendido cuadros y he hecho nuevos clientes en todo tipo de espacios públicos.

lugares-publicosCada vez son más frecuentes las exposiciones de pintura en lugares como cafeterías, hoteles, restaurantes o incluso hospitales o supermercados. A la izquierda, exposición en Bar Diamant de Gracia (Barcelona). A la derecha, exposición que realicé en 2013 en un hotel de la cadena Eurostars.

Si estás pensando en exponer pintura en un lugar público, es importante que valores la afluencia del espacio, el tipo de público que acudirá al mismo, así como las características de la exposición: la calidad de la iluminación, la importancia del espacio para exponer dentro del recorrido natural de la gente, el comportamiento habitual de las personas que pasean o que hacen su actividad en el lugar… así como el trato y la importancia que dan al arte las personas que dirigen el espacio.

Promoción personal directa (whatsapp, Tablet, mails)

La presencia virtual de nuestra obra es un hecho y una gran ayuda. Las tecnologías se adaptan cada vez más a nuestras necesidades de formas que no imaginábamos hace tan solo diez años, cuando no usábamos por ejemplo whatsapp y muchos no teníamos tablets. Es cada vez más común que las exposiciones se acompañen de vídeos o aplicaciones en los que hay información adicional como por ejemplo los procesos del artista o futuros eventos. Es evidente que este material es atractivo, útil e interesante y juega a nuestro favor.
De la misma manera, para la mayoría de nuestros amigos o conocidos es más fácil recibir una imagen vía whatsapp que acudir de primeras a nuestro estudio a ver nuestros trabajos. Así, si en el móvil o en la Tablet tenemos siempre unos cuantos trabajos de lo último y más llamativo que hemos hecho, podremos enseñarlo en cualquier momento a cualquier persona que acabemos de conocer, y entraremos instantáneamente en su campo de conciencia sin necesidad de programar una exposición. Eso sí, nos dirán que les avisemos cuando hagamos una y deberemos tener el contacto a  punto.

 

En definitiva, creo sinceramente que hay que estar muy atento a todas las opciones de las que disponemos hoy para poder combinar unas con otras y hacer efectiva y variada nuestra promoción profesional y multiplicar nuestras oportunidades por 5, por 30 o, porqué no, por 1.000.

Artículos sobre arte

TÓPICO número 5: La gran mayoría de pintores son pobres y desconocidos. Una pequeña élite son ricos y muy famosos

¿Por qué mucha gente parece que valora a los pintores por su nivel de fama?

¿Hay que valorar la obra de los profesionales por el nivel de popularidad del autor o por la calidad del propio trabajo?

Ya me gustaría que los pintores tuvieran la misma repercusión social que los futbolistas. Pero normalmente muchas de las personas que me preguntan si soy famoso no conocen ni a dos de los treinta o cuarenta pintores vivos (o fallecidos) de gran calidad que me vienen a la mente en ese momento. 

Muchas veces, hay incluso desconocimiento de maestros de tiempos pasados. Una proporción alta de los mortales conoce a Picasso o a Velázquez. Pero más allá de estas referencias encontramos lagunas que nos sorprenderán más o menos, pero que ahí están. Es habitual que las personas que preguntan si somos famosos desconozcan a Ramon Casas o a Joaquín Sorolla, artistas que tuvieron posibilidades suficientes como para dar a conocer su obra incluso más allá de nuestras fronteras.

sorolla
 

Una de las excelentes obras del pintor valenciano Joaquín Sorolla y Bastida (1863-1923).

 

Los pintores no formamos parte de la jetset ni salimos en el Hola, en el Cuore ni en el ¿Qué me dices?
Cuando se dice que un pintor es conocido internacionalmente significa que los amantes del arte de algunos países lo conocen y conocen su obra. No que puedas preguntar a cualquiera por la calle y te vaya a responder como si le hablaras de Leo Messi. La pintura abarca un segmento de la población diminuto en comparación con el fútbol u otras aficiones que parecen despertar interés con mayor facilidad. Así que esto es algo sobre lo que reflexionar y en lo que hay mucho que reivindicar, muchas obras y muchos artistas que deberían tener un apoyo mucho más sólido del que han tenido y tienen, más allá de preguntar a cuánto se cotiza su trabajo.

Aparte de esto, el que suele preguntar si uno es famoso es habitualmente alguien que no tiene mucha experiencia en el mundo del arte, o al menos no la suficiente como para establecer sus propios criterios para valorar por sí mismo nuestra obra. Entonces, nos pregunta por nuestro nivel de fama como manera de calibrar la calidad del trabajo ya que no dispone de criterios personales más sofisticados en ese momento.

Las personas interesadas en el arte se dedican a observar nuestra obra con honestidad y con profundidad, desde el fondo, y a sacar conclusiones por ellas mismas.

Cuando tenía veinticinco años y acababa de graduarme necesitaba a toda costa el reconocimiento popular y el “prestigio”. Tenía la cabeza llena de humo y de idioteces, además de falta de seguridad en mi trabajo a causa de la inexperiencia. Ahora, con el paso de los años y después de haber trabajado intensamente, me doy cuenta de que todo lo relativo a la fama y al prestigio no es más que humareda. Lo único que importa es haber podido satisfacer a las personas para las que trabajé, y creo que lo he conseguido en todas las ocasiones. Eso es lo que queda; la satisfacción por una bonita relación y la gratitud por haber servido bien a los demás. Con todo lo demás, mejor hacer una bola y tirarlo a la basura cuanto antes.

La devoción por alguien se esfuma como un castillo de naipes antes o después. Las relaciones se basan en realidades sencillas y tangibles, en demostraciones de amor sinceras. También las relaciones comerciales.

Eso no quita que somos emprendedores. Y que tenemos que dar a conocer nuestra obra y nuestra maravillosa profesión tanto como podamos, entre otras cosas porque vivimos de nuestras ventas. Pero en la era de la información y en el sector cultural, duraremos muy poco si lo que queremos únicamente es lucir palmito. No, esto cada vez funcionará menos así. Lo que hacen las personas y las empresas a las que les está funcionando realmente bien en estos momentos es aportar valor y conocimiento al resto, a los profesionales de su sector y a las personas a las que potencialmente les puede interesar lo que hacen. Estas personas ricas verdaderamente se preocupan por los demás desde su experiencia y ven cómo desde su sector pueden aportar valor a la comunidad.

Así que la única pobreza de la que podemos hablar en nuestro caso es de la pobreza de espíritu, de la pobreza de aquél que no tiene nada que ofrecer a los demás y que recorta tanto que tampoco le queda nada para sí mismo, y acaba desanimado y abandona. El que tiene, da, ofrece conocimiento, valor, experiencia, y a su vez recibe conocimiento para seguir aprendiendo y dinero para vivir con tranquilidad.