Artículos sobre arte

Produce más obra, amplia tus movimientos

¿Qué sucede cuando llegamos a una tienda (online u offline) y nos encontramos con pocos productos? Yo, personalmente, percibo cierta sensación de escasez o de falta de convicción en esa propuesta por parte del vendedor. Pienso, “vaya, qué poca cosa tienen. Poco me voy a entretener aquí”. Y si además lo que tienen lleva mucho tiempo puesto a la venta y no se vende, todavía peor. 

Lo mismo sucede cuando hablo con otros pintores en persona; hoy en día es muy fácil tener tu book en el móvil y compartir tus obras con los demás. La diferencia entre los profesionales y los amateurs es que los amateurs te enseñan muy pocos cuadros, y muchas veces son de hace mucho tiempo. Los profesionales, sin embargo, te pueden enseñar muchos cuadros de un plumazo y el último seguro que lo hicieron ayer o anteayer.
Así, pues, la sensación desde fuera viendo un caso u otro no tiene nada que ver; primero, porque la calidad en la obra es muy superior en los que pintan más, y segundo porque, en caso de querer yo comprar, tendría diez, veinte o treinta cuadros entre los que elegir. En el primer caso, el de alguien que pinta poco y tiene poca oferta, no resulta muy llamativo elegir entre un cuadro de hace un año y otro de hace un año y medio. No me da ninguna sensación de novedad ni de productividad, y además tampoco puedo entretenerme estudiando su pincelada, viendo un recorrido para finalmente tener más opciones de compra. Es una obra poco desarrollada.

A un nivel más amplio, tampoco tiene nada que ver una opción que otra. Si dispones de 70, 120 o más de 200 cuadros podrás hacer dos o tres exposiciones simultáneamente, podrás responder fácilmente a una o varias oportunidades de exposición y podrás  ofrecer cuadros de temática y tamaño bastante distinto. Venderás más y serás más profesional, aunque si bien es cierto que tendrás algo más de faena en la gestión, sobre todo si estás activo en varias galerías online. Pero tendrás muchas más opciones de ser visitado en internet y de que te conozcan. También es verdad que es difícil tener tantos cuadros en stock, a mí por lo menos me resulta difícil porque de una u otra manera los voy vendiendo antes y nunca alcanzo a tener más de 50 por vender (a veces, ni siquiera 20), razón de más para animarte a que produzcas mucho.
Siendo así, lo único que te puede pasar es que vendas mucho, ya ves tú qué problema; en las galerías online pones también tus mejores obras vendidas y eso te ayudará a seguir vendiendo. Al final, los compradores imitan a otros compradores, y un pintor que vende, nos guste o no, resulta más atractivo para los compradores.

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Hay muchas galerías online. Yo estoy en cinco: artenet.es, artelista.com, picassomio.com, artmajeur.com (Francia), saatchiart.com (Reino Unido). Puedo confesar que la galería en la que más vendo es artenet.es (aproximadamente una obra al mes), seguida de artelista.com. En saatchiart llevo poco tiempo, aunque según el experto en arte Don Thompson es el primer portal de venta de arte online en volumen de ventas.

Para producir más, muchas veces hay que superar la pereza y sobre todo el miedo. El miedo a tener exceso de cuadros y no venderlos, que se supera haciendo cuadros realmente buenos, con los que no te importe ir con ellos hasta el fín del mundo de tan orgulloso que te sientes de cómo han quedado. Así, los expondrás tantas veces como sea necesario para que nuevos ojos puedan descubrir tu talento. Este tipo de cuadros siempre reciben elogios, por lo cual si tienen que hacer una larga gira hasta ser vendidos tampoco pasa nada.

Mi consejo es: ajusta los precios, vende siempre y así podrás pintar siempre y nunca dejarás de aprender. Al final, tu evolución profesional es lo único que te hace más pintor, no el hecho de vender a 15.000 euros cuadros de tamaño 20F.

Aunque a veces es lo que más nos cuesta, es importante estar activos programando exposiciones y gestionando las galerías online, que son las plataformas en las que cada vez se venden más cuadros. Muchas veces me encuentro pintores más mayores que yo, que me dicen que no se vende nada en exposición o que por internet nunca han vendido ni una sola obra. Les pregunto en cuántas galerías están, y normalmente están en una, con pocos cuadros y sin poner los precios visibles. Esto se podría revertir estando en cuatro, cinco o más galerías (de España o de otros países), subiendo decenas de obras (subiendo obras para su venta pero también obras vendidas) e indicando los precios. Hay mucha manía en no indicar los precios, pero entonces uno no puede quejarse de que no vende. Si no se ponen precios lo que piensa el cliente es que la clavada va a ser legendaria cuando pregunte el precio. Mi consejo es: ajusta los precios, vende siempre y así podrás pintar siempre y nunca dejarás de aprender. Al final, tu evolución profesional es lo único que te hace más pintor, no el hecho de vender a 15.000 euros cuadros de tamaño 20F.

Entiendo que hay mucha gente que ya exponía en los 70, los 80 y los 90 a la que la era digital les ha quedado más alejada que a mí, pero además eso se agrava con la idea de que se necesita un marchante que mueva tus obras o si no estás perdido. Eso ya no es así, lo que se necesita es material y horas para pintar, un ordenador y ganas de relacionarse online y off-line.
Un marchante puede ayudar y en cierto momento es necesario para abrazar otros mercados, pero hasta llegar a eso, hoy día se puede vivir del arte sin un marchante.

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Artículos sobre arte

De la timidez a la sociabilidad: como abrirse al mundo y trabajar en un marco global

Siempre había deseado ser una persona más social, afectiva, que se interesa con sinceridad por la vida y los gustos de los demás y aprende lo posible de ellos, a la vez que valora si puede servirles en algo. Aunque a veces en la vida…

La falta de desarrollo en ciertas virtudes condiciona nuestra evolución.

Uno de mis problemas iniciales para acercarme a los demás era mi timidez. Desde mi niñez, y hasta hace trece o catorce años tenía un círculo de relaciones pequeñísimo, detestaba el teléfono, y me daba un reparo enorme tener que llamar a una editorial o a cualquier lugar para solicitar información o pedir una entrevista. Memorizaba frase por frase lo que tenía que decir y luego, cuando ya había marcado los números y daba línea el teléfono, me notaba el pulso en la oreja.
Algo parecido me sucedía cuando entraba en alguna tienda o, peor, cuando iba a una entrevista. Sudores de manos fríos y calientes, el coco funcionando a todo trapo con premoniciones trágicas para mi persona que incluían un gran terror a hacer el ridículo y a ser desaprobado.
Sin embargo, la timidez puede desaparecer de nuestra vida hasta el punto de darte la impresión de que cuando eras tímido eras otra persona o que tu conciencia estaba en otra dimensión.

Habitualmente, la timidez viene producida por una falta de seguridad. Puede ser a nivel intelectual (estando con una o varias personas, no sabemos qué decir sobre algo en concreto, o nos da miedo que los demás repliquen nuestro argumento), aunque a veces también puede influir la falta de seguridad física (sensación de que la vida es dura y que el mundo nos aplasta). Otras veces, no sabes si alguien es tímido o es que está a disgusto. Ese podría ser un caso de falta de desarrollo afectivo.
En todo caso, el desarrollar un criterio y un argumento sólidos o el tener más seguridad física son cosas que a veces se desarrollan por el simple hecho de hacerse mayor y asumir la vida adulta. En mi caso, como ya tenía más de veinte años y me veía condicionado para trabajar por mi cuenta y para ser libre en otros aspectos, desarrollé estos campos trabajándolos a fondo, con el estudio de la Filosofía en el campo intelectual y con el estudio de las artes marciales en el campo motor.

Entonces sí que noté que, con los años, y haciendo el esfuerzo de abrirme a otros círculos y conocer otras personas, ampliaba mi campo de relaciones. Tanto es así, que a los 28 realicé mi primera exposición individual y, aunque pasé unos nervios muy considerables, vino mucha gente y vendí veinte cuadros, ¡e incluso hice un discurso de bienvenida en la presentación ante casi un centenar de personas!

Con el tiempo, incluso, intentaba asumir el reto de tener que hablar en público de vez en cuando. La primera exposición de pintura que presenté era sobre un libro que a su vez presenté en colegios y en otros lugares. Otras veces, y en cierta medida en contra de mi voluntad, me exponía a algún público para probarme.

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La mejor manera de superar un miedo es atravesándolo. En la línea de trabajo interior propuesta por Antonio Blay, la que sigo desde hace  13 años, no existen defectos, sino virtudes menos desarrolladas que se pueden trabajar con voluntad.

De esta manera desapareció una gran parte de la timidez que me había acompañado hasta entonces. Pero para las presentaciones de las exposiciones seguía pasando unos nervios horrorosos, y muchas veces dormía poquísimo cuando había decidido que iba  a hablar. En mi segunda exposición individual, en pleno verano, no sé si por el calor o por los nervios, pero el día antes de la inauguración dormí media hora. Tenía confirmada una asistencia de más de 100 personas y dejé que eso activase temores innecesarios, pues en realidad era un público conocido de gente cercana de aquí y allá a la que le gustaba mi trabajo y venía para estar a mí lado. En la cuarta inauguración, en la que asistieron entre 180 y 200 personas (no cabía nadie más en la sala), hice un pequeño discurso que fue correcto, pero por la cantidad de gente que había y por lo bien que fue todo podía haber estado impecable.

Ese día, hablando con uno de mis amigos fotógrafos que venía a ayudarme en las inauguraciones en Barcelona haciendo fotos, me enteré de la existencia de unos clubs de oratoria que formaban parte de una red internacional. La red Toastmasters, con sede en forma de clubs por ciudades de todo el mundo. Investigué en Barcelona y vi que había varios clubs, y que además la cuota era muy asequible, unos 7 euros al mes. Así que me apunté y poco a poco fui animándome a participar, y aunque pasaba un montón de nervios me di cuenta que desde fuera la imagen era mucho mejor de lo que yo interpretaba. Estuve más de dos años aprendiendo y ejercitándome semanalmente como orador, participando con discursos y exposiciones en público en varios de los clubs que había en mi ciudad, Barcelona. La red Toastmasters fue a su vez una buena oportunidad para conocer personas interesantes de todas las edades, muchos de ellos con buenos proyectos que mostrar al mundo. Proyectos beneficiosos para todos como pueden ser asociaciones para la detección y eliminación de las minas antipersona, asociaciones de ayuda a personas con discapacidad o asociaciones de carácter ecologista, entre muchas otras.

La red de clubs de oratoria Toastmasters es una buena oportunidad para aprender a hablar en público y perder definitivamente la timidez. También es una buena oportunidad para conocer personas interesantes de todas las edades, muchos de ellos con buenos proyectos que mostrar al mundo. 

También he ido a clases de idiomas, a aikido, a clases de escritura. Me he acercado a asociaciones de distinta índole. A rodajes de cine… y en definitiva a cualquier lugar que me pareciera interesante y en el que pudiera conocer personas que me llenaran por sus inquietudes y con las que pudiera establecer una relación natural. Al final, te acabas interesando por su camino y ellas por el tuyo y es normal que antes o después encuentres a alguien al que le interese tanto tu arte como para comprar un original. Me he dado cuenta de que la gran mayoría de personas no se han planteado esa posibilidad hasta que se va materializando por el hecho de conocer a un pintor. Por eso no es necesario empezar con grandes coleccionistas de arte, hay neófitos con mucha sensibilidad y ganas de aprender sobre el mundo del arte, así como de conocer y apreciar nuestro trabajo. Establecer una relación con ellos es un placer difícil de describir.

La gran mayoría de personas no se ha planteado la posibilidad de comprar un cuadro hasta que se va materializando esa posibilidad por el hecho de conocer a un pintor. 

La venta en este caso no es insistente ni forzada si no que es una consecuencia natural y lógica. Aunque de entrada también tienes que ayudar a la persona a entrar en tu mundo, porque en casi ningún lugar se habla de arte y la mayoría de gente está desconectada del tema. Pero, como decía, todos tenemos sensibilidad y a cualquiera le puede llegar a interesar. Así que puedes tú averiguar e incentivar sus gustos en el arte, sus motivos predilectos (marinas, paisajes, retratos) y sus pintores favoritos. Si no los tiene, le puedes hablar de los tuyos. Antes o después, al final das con alguien con quien se va abriendo un camino fructífero de forma natural que se mantiene en el tiempo o incluso, quien sabe, te ofrece otros contactos.

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El espectáculo de los precios en el arte. Reflexiones sobre los libros de Don Thompson: El tiburón de 12 millones de dólares y La súper modelo y la caja de brillo

Una de las primeras experiencias en forma de antídoto que recuerdo con lo que comúnmente llamamos arte contemporáneo, fue la primera vez visité el MACBA (Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona).
Yo no tendría más de 15 años, y recuerdo que sólo entrar en el museo vimos un caballo real, disecado, colgando del techo por una soga atada al cuello. 
Desde luego el efecto fue desconcertante, por no decir que incluso me cabreé y me pareció una capullada total. Tanto, que no recuerdo nada más de esa exposición salvo una moto roja que había en la misma entrada. Una moto sin ninguna modificación aparente por parte del artista, salvo que en lugar de estar en la calle, estaba en un museo.

Desde entonces creo que estoy curado de espanto sobre lo que se puede llegar a ver. Han pasado más de veinte años desde entonces y he visto miles de exposiciones. Algunas buenas, otras una tomadura de pelo que no me ha comunicado nada a ningún nivel. La mayoría, no obstante, bastante frías aunque técnicamente muchas estuvieran bien hechas.
En cuánto a las que me han parecido una tomadura de pelo, este sería otro tema que tratar y que requirió unos cuántos antídotos más, porque creo que no fue hasta los 22 o 23 años que no entendí que yo no era idiota por no entender muchas de esas obras de arte, si no que dentro del “todo vale”, la mayor parte de las veces lo único que hay es un propósito por hacer algo simplemente rompedor. Pero no hay mucho o nada que entender, ni ninguna estética que apreciar.

Este verano he leído los dos libros del economista Don Thompson y la verdad es que ambos han sido edificantes y suculentos para entender los engranajes que mueven la industria del arte a estos niveles de museos, de ricos coleccionistas y de millones de dólares en los que muchas veces no hay una relación directa entre lo que vale objetivamente un cuadro o una escultura (horas de tiempo invertidas, calidad intrínseca de la obra) y lo que se paga por él. De hecho, los libros de Don Thompson te explican perfectamente cómo las reglas para la valoración no tienen en absoluto nada que ver con lo que acabo de decir. Más bien tienen que ver con inmensas campañas de marketing dirigidas a un público muy concreto al que se le vende todo el glamour que conlleva la obra, ya sea por la colección “prestigiosa” a la que ha pertenecido o por la historia extraordinaria que la ha acompañado.

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Subasta de una de las versiones de “El grito”, de Edward Munch, en la casa de subastas Sotheby’s de Nueva York.

Así, se puede entender incluso que poco importa que muchos de los artistas o autores actuales que aparecen mencionados en el libro ni siquiera hacen ellos mismos las obras. Solo las firman. También se puede entender que poco importa que muchas veces ni siquiera sepan dibujar, esculpir, filmar… Lo importante es que hay un postor, un valedor, al que probablemente muchas veces también le importa tres pitos la obra en sí, simplemente la van a sostener entre unos y otros porque la obra ya está en el mercado y los involucrados no quieren perder dinero. De esta manera, aparecen otras personas que tienen mucho dinero y que se quieren hacer un hueco entre este club selecto de personas que se puede permitir comprar cuadros de cientos de miles de euros o de millones de euros. Y tú te preguntarás: ¿Por qué? Pues porque para muchos que han hecho dinero, no importa que lo tengan si no lo pueden demostrar. Y en estos círculos, muchas veces da igual que lo que vayas a comprar te guste o no. Lo que importa es que era de tal magnate o que el autor la ha expuesto en tal museo de Nueva York, y eso es lo que podrás explicar a tus invitados cuando la vean en el salón de tu casa para que se caigan de culo con tu nuevo estatus. Si los pintores solemos tener un ego como una catedral y somos muy ambiciosos, los coleccionistas nos van a la zaga.

Sobre este último aspecto, la teoría que acompaña a la obra, ya avisaba Tom Wolfe en su libro “La palabra pintada”, en el que describe como en el transcurso del siglo XX la crítica y la teoría han ido dando forma al significado de obras e incluso en muchos casos sustituyendo la experiencia estética o la experiencia global que te ofrecía la obra en sí. También Sarah Thornton, en su libro “Siete días en el mundo del arte”, explicaba cómo es una clase en una universidad de arte de EEUU, en la cual todo gira en torno a un debate y a una idea que un alumno presenta para una obra de arte (que todavía está por hacer), y como la va argumentando ante sus compañeros y su profesor de antes de crearla.

“Si los pintores tenemos un ego como una catedral y somos muy ambiciosos, los coleccionistas nos van a la zaga”

Volviendo a Don Thompson, a este club selecto y a esta estructura piramidal que describe en su libro (cuánto más arriba, menos gente pero mucho más dinero). Todo esto daría bastante igual si no fuera porque con estas reglas el arte en sí queda pervertido. Las obras más famosas muchas veces no son las mejores. Esta perversión, que ya asomó una primera patita con Duchamp y luego nos puso la segunda con Warhol, es ahora un juego que va más allá de ser una transacción entre particulares, sino que hace muchas décadas que entró en todas las instituciones públicas y privadas. Entró para quedarse, y aquí es donde tengo una reserva sobre los libros de Don Thompson, pues si bien es cierto que se ciñe al aspecto económico de estos fenómenos, y que también en el primer libro (“El tiburón…”) expone que la calidad estética en el arte ha bajado en picado, creo que este último fenómeno es preocupante y que requería una mayor crítica por su parte. Al fin y al cabo, cualquier profesional se forma con años de experiencia (dicen que son necesarias 10.000 horas), y nadie diría de muchas de estas obras tan cotizadas que reflejen ser una materialización de toda una larga experiencia concentrada. En todo caso, muchos de estos autores tienen años de experiencia en especulación y en marketing y son verdaderos artistas en esos campos.

Es por ello que cuando Don Thompson se pregunta por los artistas influyentes del siglo XX o de la actualidad, resulta ingenuo poner solamente 25 o 30 de los que más ha oído hablar por las casas de subastas (básicamente se habla de Sotheby’s y Christie’s, las dos que mueven más pasta) y en las súper galerías (como él denomina a las que mueven más dinero). Se entiende que se está analizando básicamente el factor económico, pero en tal caso no se deberían usar términos como “los artistas más importantes”, puesto que a un nivel artístico es probable que muchas de esas obras de arte contemporáneo no pasen el examen que a todos nos brinda el tiempo, ni son ni siquiera en opinión consensuada consideradas como grandes obras.
Pero en este mercado, puramente capitalista, lo más candente es lo que más caro se vende. Las obras de  autores fallecidos, por la regla de la escasez están cotizadísimas (un Monet sale al mercado de uvas a peras, es escaso porque su obra está ya muy colocada y raras veces se mueve),  y obras de artistas muy cotizados, intentan vender alto (en los casos de estos libros, por las nubes) y mantener lo que conocemos como “caché”.

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Les femmes d’Alger, de Pablo Picasso, vendido en 2015 en Sotheby’s por 179,3 millones de dólares.

Pero, ¿y todo lo que está fuera de este selecto club? En el libro “Coleccionar arte contemporáneo” de Adam Lindemann aparecen imágenes de muchas de estas obras de galerías que están en la parte superior de la pirámide económica o que se han vendido en subasta por decenas de millones de euros. Es evidente que estas reglas que rigen este mercado, este reflejo del capitalismo que también acecha ferozmente al arte, deja fuera de la estructura del dinero, de la promoción y de marketing, a muchos artistas de primerísimo nivel que ves en otros ambientes y que tienen un bagaje sólido y una obra consistente que transmite mucho más que estas obras que se venden a estos precios desorbitados.

Eso es lo que me preocupa en el arte, que los valores y de la experiencia estética e intelectual estén sometidos al dinero. Pero es así, el dinero mueve el mundo en estos momentos, tiene sus propias reglas y hay que prestarles cierta atención para no quedar totalmente excluido.

“Según un estudio de Don Thompson, el 95% de un grupo de encuestados no colgaría en su casa ninguna obra de arte contemporáneo ni que se la regalaran”

En todo caso, este sistema basado únicamente en la abundancia material no satisface la demanda de algo más profundo para la mayoría de la gente. Y la prueba de esto es que, según Don Thompson, el 95% de un grupo de encuestados no colgaría en su casa ninguna obra de arte contemporáneo (obras en la línea de las que habla el libro) ni que se la regalaran.

Los juegos y las personas de las que nos habla el libro juegan a comprar y vender cuadros como si jugaran al monopoly comprando y vendiendo hoteles. Hay algunos que deciden quien cotiza millones, los mismos que fuerzan lo posible para que estas obras y estos artistas se muevan por la Royal Academy of Arts o la Tate de Londres, El Moma de Nueva York o el Louvre de Paris. Todo esto, repito, por intereses que en el fondo muchas veces poco tienen que ver con la calidad intrínseca y objetiva de cada obra. Lo que importa como coleccionista, recordemos, es ganar dinero por tus activos (las obras que cada coleccionista tiene) y ser influyente en el mercado.

Una cifra que menciona en ambos libros es la cantidad anual y oficial aproximada de dinero que se mueve en el mundo del arte. Para la edición del primer libro, habla de 42.000 millones de euros, y nos informa que es la cifra anual exacta que factura o facturó aquél año la empresa Apple. Una cifra relativa, que para mí no justifica en absoluto que algunas de estas obras mediocres se exhiban en el Louvre como si fueran la novena maravilla del mundo. De hecho, no hay nada que lo justifique, porque el mensaje que estamos dando a las futuras generaciones es que esas son las nuevas formas de arte y que hay mucho que ver en ellas. O quizá lo único que se les dirá a esos niños es que la obra había sido de la colección Rockefeller y que se vendió en una subasta por 45 millones de dólares.

“Según estas reglas, como coleccionista lo que importa no es la calidad de tus obras, si no el prestigio de las mismas (procedencia, historia…), la rentabilidad que tienen como activo y la aportación que te ofrecen como actor que influye en el mercado”

Estudié Historia del Arte algunos años y nunca he entendido porqué en clase se hablaba tanto de Andy Warhol. Nunca le vi nada especial a su obra y me extrañaba que en esa época no hubiera nada mejor que Warhol o Lichtenstein. Y hoy igual. Warhol me sigue pareciendo bastante fraudulento y oportunista. Nuestros hijos, nuestros nietos y bisnietos seguramente todavía estudiarán a Andy Warhol. Quizá también estudiarán al artista que colgó un caballo disecado del techo en el MACBA, y al que hace perros gigantes con globos, y al que diseca tiburones y cabezas de vaca y les pone un puro en la boca.

¿De verdad no se está haciendo nada mejor? ¿De verdad no podemos mirar un poco más allá del dinero y buscar artistas con un poco más de fuste y de experiencia estética?

Los que escriben tanto sobre estos récords de dinero en compraventas, quizá podrían mirar lo que se cuece en los concursos nacionales e internacionales o incluso en los concursos de pintura rápida. Podrían ir a ver Centros culturales. Ferias de arte de distinta índole y en distintos países. Podrían dar la oportunidad a bloggers que se dedican a descubrir nuevos talentos y que hacen un trabajo más de campo y ayudan a los que más lo necesitan y a los que más lo merecen.
Realmente, a los que sólo escriben sobre las casas de subastas y los millones de euros o las cotizaciones de este o aquél, creo que se les está escapando de las manos un mundo maravilloso que va evolucionando de verdad y que no tiene nada que ver con los billetes, sino más bien con aquello que nos hace humanos.

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Aplicar veladura en una pintura al óleo

Si estás trabajando en un cuadro que tiene un buen nivel de dibujo pero en el que hay problemas de color, como pueden ser colores chillones, colores apagados o, simplemente, te gustaría darle un aspecto monocromático, seguramente la veladura es una buena solución para ese cuadro.

Uno de los innumerables recursos con los que contamos en la pintura al óleo son las veladuras. Si bien es cierto que en acrílico también se pueden emplear, a mi parecer relucen con mayor esplendor en la pintura al óleo. Una vez más, el lento secado de los aceites permite moldear la pintura a nuestro gusto, durante más rato y ofreciendo un resultado más brillante y artístico.
También la podemos aplicar en acrílico, desde luego, y como siempre el cuadro se va a secar antes, pero el inconveniente será que la sensación de transparencia será inferior o, lo que es peor, en caso de que no la apliquemos con mucha pericia, si el color de la veladura es oscuro ésta puede parecer que se ha hecho con agua sucia.

Hace casi un año participé en el concurso de pintura rápida de Lesaka, en el norte de Navarra. Día gris, motivo desconocido para mí ya que no había ido antes a buscar el lugar que iba a pintar (ni siquiera conocía el pueblo hasta ese día), y poco tiempo puesto que el concurso era de mañana (hasta las 14h).

Con sólo cuatro concursos de pintura rápida a mis espaldas (aunque con premio en uno de ellos y venta en otro) tenía potencialmente por delante a otros pintores que podrían presentar cuadros más acabados y más definidos que el mío. Igual que me había pasado en los primeros concursos de pintura rápida, un inicio prometedor con un manchado interesante dio pie a media mañana a un cuadro un pelín sucio en cuánto a colores y falto de vida en general.
Es lo que pasa cuando estás acostumbrado a trabajar en estudio y en varias sesiones, que te planteas los cuadros y las modificaciones a largo plazo y te cuesta resolverlo todo en unas pocas horas. Y es por eso que admiro a los pintores de rápida, porque alucino con el factor velocidad, que si bien les obliga a pasar por encima de muchos detalles, presentan siempre cuadros impactantes y con mucha impresión de acabado.

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Mi cuadro de Lesaka (sobre estas líneas tal como lo presenté) gustó a los asistentes pero ese día no obtuve galardón alguno. Las dimensiones cuentan sin duda; para los concursos de rápida cuánto más grande mejor. El mío no era de los más grandes. Habitualmente intento esquivar los tamaños tan grandes porque después me cuestan más de vender. Tiene que ser un motivo maravilloso, y muchas veces en un concurso de rápida no nos da tiempo de encontrar ese “motivo maravilloso”.

Con voluntad de pulir y perfeccionar ese cuadro, ya en el estudio me puse a pensar en opciones para darle un “toque” y verlo como un cuadro que yo mismo compraría. Primero le añadí nieve, aunque me continuaba pareciendo soso y sin motivos a destacar. Quizá también había luz demasiado veraniega para ser un día de invierno o nevado por lo menos.

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Luego pensé en las típicas imágenes de Laponia, y me acordé de cuando Papá Noel está terminando de dar de comer a sus renos y sale ya de casa con todos los regalos de todos los niños del mundo, y pensé que ese tipo de luz de noche mágica de navidad era la que me apetecía que este cuadro tuviera. Así que, sin pensarlo más, mezclé esencia de trementina y aceite de linaza y le añadí el azul, creo que azul cobalto con algo de negro.

Finalmente, encendí las luces de todas las casas de la aldea y puse a pasear una pareja de enamorados con un perro, para añadir algo de vida al cuadro.

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En el siguiente video os haréis una idea de todo el proceso desde el principio.

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Dibujar al natural: Parte 2

¿Cómo evolucionar poniendo obstáculos a nuestra mente?

Dibujar con la mano izquierda

Hace dos artículos expliqué las razones por las cuales me parece tan importante dibujar al natural como fuente de aprendizaje. No obstante, en este caso quiero ampliar esa información y, a partir del propio ejercicio de dibujar al natural, introducir algunas variantes para aprender cómo son las cosas y además experimentar con nuevos lenguajes.

En 2004, cuando estaba terminando mis estudios de ilustración en la Escuela Massana de Barcelona, decidimos con el tutor que me evaluaba el proyecto final que éste podría ser un cuaderno de viaje. Él había visto los cuadernos de mis viajes a Centroamérica y a la Índia y le habían interesado por la explicación detallada que ofrecían del viaje. Nos llamaba la atención esa posibilidad documentalista o periodística que tiene el dibujo al natural, como en el caso de los dibujos que siguen, dos apuntes del viaje a la Índia que acababa de realizar.

Después de dar algunas vueltas, quedamos en hacer un cuaderno de viaje orientado hacia el fenómeno de la inmigración vivido a pie de calle. Pero el asunto que quiero destacar, más allá del tema, es la técnica. Mi tutor me dijo que la realidad que ofrecía en esos dibujos al natural de los viajes era muy realista, casi fotográfica, hasta el punto de parecer estática o carente de emociones. Me dijo que quizá me faltaba personalizarla un poco. Y la verdad era que casi todo hasta ese momento eran líneas finas hechas directamente con pilot, cuando lo que vemos se puede representar de infinitas otras maneras aparte de esa (aunque es cierto que esa es la que más te puede ayudar a mejorar en dibujo a mano alzada). Para lo que yo iba a hacer, que era un trabajo con un componente emocional bastante fuerte (la vida en la calle de personas sin recursos) necesitábamos algo más de distorsión, de movimiento y de contrastes. Así que me puse a hacer pruebas con rotuladores rotos y otros rotuladores de punta muy gruesa. También pensé en la posibilidad de dibujar con la otra mano a ver qué pasaba y, ni corto ni perezoso, me puse a dibujar con la mano izquierda.

El resultado, como se puede en los dibujos sobre estas líneas, no tenía nada que ver. Mientras dibujaba con la mano izquierda sentía que quería hacerlo bien a toda costa pero que era prácticamente imposible: Los trazos se torcían cada dos por tres y eran un poco grotescos, aunque el resultado me gustaba, justamente porque me llegaba más a las emociones y al corazón y menos a la razón como hasta ese momento. También notaba que estaba trabajando desde otro lugar, y es que al cambiar de mano estaba trabajando con el hemisferio derecho del cerebro, que no tiene nada que ver con la parte racional y analítica del hemisferio izquierdo. Trabajaba desde un lugar que al parecer tiene más que ver con las emociones, con el sentir directo. Y así me parecía.

Hice todo ese trabajo con la mano izquierda, con más de 50 ilustraciones, todas ellas con una primera capa en rotuladores negros hecha en la calle, y una segunda capa realizada en gouache a posteriori y mezclada con la primera por ordenador. El trabajo fue puntuado con la máxima nota y al cabo de dos años fue publicado por la editorial TABELARIA con el título De Barcelona al Món (De Barcelona al Mundo).

Ilustraciones para adultos en el libro De Barcelona al Món, con textos de Pau Mota. Illustrations for adults in the book From Barcelona to the World, with Pau Mota as a writer

De Barcelona al Món. Un cuaderno de viaje sobre la inmigración en Barcelona dibujado íntegramente con la mano izquierda. Fue el proyecto final de ilustración en la Escuela Massana. Puntuado con una Matrícula de Honor en 2005 por el jurado de la escuela. Publicado en 2007 por la editorial Tabelaria.

 

Ilustraciones para adultos en el libro De Barcelona al Món, con textos de Pau Mota. Illustrations for adults in the book From Barcelona to the World, with Pau Mota as a writer

En este caso, una escena del racismo que vi en directo en la Vila Olímpica y que forma parte de este paseo que nos explica el libro. Al atardecer, los chicos del fondo al lado del taxi insultaron a la chica a la derecha del dibujo. Por tener la piel de un color diferente al de ellos y por parecer vagabunda. Así de fácil, y así de estúpido. Después de su aportación, gracias a Dios los dos chicos se fueron y la chica se sentó en el banco en el que yo estaba y charlamos un rato. No recuerdo muy bien sus palabras (tengo que releer mi propio libro) pero fue muy agradable. Cada persona es un mundo de posibilidades.

 

Ilustraciones para adultos en el libro De Barcelona al Món, con textos de Pau Mota. Illustrations for adults in the book From Barcelona to the World, with Pau Mota as a writer

Dibujo de unos músicos búlgaros tocando una fantástica música al lado del Corte Inglés de Plaza Catalunya. Igual que en el caso anterior, después de tocar el tema vinieron a hablar conmigo y, aunque no hablaban castellano ni yo búlgaro, nos entendimos perfectamente: les encantaron mis dibujos y me dejaron un cartón para que no estuviera yo sentado directamente en el suelo. 

Así que, por la experiencia y por la posibilidad que tuve de avanzar hacia otro lenguaje nuevo, más expresivo y contundente, no puedo hacer otra cosa que recomendar esta técnica.

Si eres ilustrador o pintor y has tenido una experiencia similar con ésta u otra técnica la verdad es que me encantará escuchar tus palabras.

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Dibujar al natural

¿Por qúe es tan beneficioso para los ilustradores y pintores tomar apuntes de lo que ven y dibujar al natural?

Dibujar al natural es, si no la mejor, una extraordinaria manera de aprender a dibujar y una fantástica base tanto si uno trabaja como ilustrador como si es pintor.

Y esto es así porque dibujando al natural perfeccionamos nuestro nivel de dibujo y aprendemos por nuestra propia cuenta cómo son las cosas que nos rodean. Vamos generando una extensa biblioteca particular de imágenes a partir de la cual salimos de la ingenuidad de presuponer el mundo para entrar en la veracidad de conocerlo y habernos adentrado en él. Y esa reserva de conocimiento ya nos acompaña durante toda nuestra vida profesional y se refleja en nuestros trabajos con un trazo más limpio y seguro, más experimentado y que está en condiciones de jugar más y mejor con los lenguajes.

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Dibujando en Jaipur, Índia, en 2004, ante un grupo de personas que pasaban por ahí y que tuvieron curiosidad por ver de cerca el ejercicio y el trabajo.

Si hemos dibujado un roble doce veces, podremos tener una noción del mismo bastante más sólida que si no lo hemos dibujado nunca. De hecho, una cosa es verlo y otra dibujarlo; al dibujar las cosas las procesamos a un nivel mucho más profundo que si las estuviéramos simplemente viendo. Es lo mismo que estudiar leyendo el texto o estudiar escribiendo un resumen de lo que tienes que aprender. En el segundo caso, aunque lleve más tiempo, el estudio es mucho más efectivo y penetra y se retiene bastante más.

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Entre el dibujo de arriba y el de abajo hay unos 80 días de diferencia y más de 300 dibujos en este mismo estilo (pilot sobre cartulina). En 2003 realicé un viaje de casi tres meses a varios países de Centroamérica y aproveché para poner en marcha la cámara fotográfica que los dibujantes tenemos en nuestras manos. El primer dibujo es del viaje de ida y el segundo es del viaje de vuelta. Me propuse hacer una serie de dibujos cada día como reto personal para mejorar mis habilidades de dibujo, y si observamos con detenimiento un dibujo y otro veremos que hay diferencias notables en cuánto a decisión del trazo, definición y concreción. Recuerdo perfectamente como a la vuelta de ese viaje me sentía perfectamente capaz de dibujar cualquier cosa que se me presentara delante de mí.

Además, es un sencillo y maravilloso trabajo para aquietar la mente y abrir el espíritu, para volver a apreciar una realidad que muchas veces nos pasa desapercibida o directamente rechazamos de forma subconsciente porque pensamos que ante nuestros ojos debería haber otra cosa.

Es una vuelta al aquí y ahora. Un trampolín para abrazar con el alma lo que tienes delante, sea lo que sea, hasta el punto de que a veces parece que lo estuvieras creando en ese mismo momento. Ya que adquieres unos nuevos ojos, más científicos y más compasivos, que te empujan a conectar con la esencia de las cosas a través del alma, a reconciliarte contigo mismo y con el mundo.

En este video que sigue muestro una de mis técnicas más recurrentes y sencillas para tomar apuntes del natural: rotulador y pilot sobre libreta de cartulinas. En este caso, a partir de una visita a Aquitania (Francia) a principios de 2017.

Artículos sobre arte

El artista y la sociedad: la presión exterior

¿Eres artista? ¿Como Picasso? ¿Y se puede vivir de “eso”?

Más allá de nuestro entorno cercano es habitual cuando empiezas y dices que te dedicas al arte y además como autónomo que te miren como si te tuvieran que dar el pésame porque tienes una enfermedad incurable. El sufrimiento se capta en sus ojos como si vieras a alguien que sufre porque sabe que vas a ser ahorcado. Dan ganas de decirles: “¡Era broma!, ¡Puedes estar tranquilo!”

La verdad es que por más que pasen los años la mayoría de nosotros continuamos anclados a nuestras ideas, hasta el punto de que reaccionamos con ellas en todo momento antes de optar por abrir los ojos y descubrir nuevos mundos. “Nunca tendrás estabilidad económica”, “cualquier día te puedes quedar tirado”, y lo que piensan y no te dicen: “eso no es un trabajo”. Las reacciones suelen ir del desconocimiento más absoluto a la lástima por ti y por tu elección de vida. A veces era y es hasta gracioso desde un punto de vista antropológico, porque llega un punto en que sabes de sobras que estás preparado y que tienes recursos suficientes como para vivir tranquilo una vida profesional expansiva y rica, y sin embargo ves personas con un conjunto de ideas que no se ajustan con la realidad:

– si estás en casa es que eres un gandul.
– del arte no se vive
– lo que haces no es necesario

Todas estas ideas son proyecciones personales de quien las hace. Cuánto más alarmantes son más miedo tiene esa persona en concreto. Estas ideas son un indicador fiable de cuánto valora la seguridad económica esa persona y cuánto desconoce el mundo del arte. Esa persona no se ve preparada para hacer frente a una situación como autónomo o como emprendedor, al margen de que desconozca las posibilidades y el mercado del arte. Pero eso no puede ni debe influirnos en nada en nuestra decisión. Nosotros hemos decidido apostar firmemente por la libertad, y de entrada la seguridad económica la tendremos que trabajar. Pero lo cierto es que si hemos nacido para desarrollarnos en el arte no habrá traición más grande que hacer algo que no tenga nada que ver, y menos aún porque lo ha dicho alguien, sea quien sea.

En última instancia se supone que a cierta edad uno tiene que aparcar sus sueños y dedicarse a “trabajar de verdad”

“Ponte un límite de edad”, me dijo una novia que tuve. Gracias a Dios que nunca lo hice y lo que era limitado y quedó limitado fue la relación con ella. Y es que ese tipo de frases me chirriaban más que ninguna otra cosa: ¿Qué límites le voy a poner a la expresión más íntima de mi alma, a aquello para lo que he nacido?
Pero en fin, para algunas personas lo que se hace en el mundo del arte no es un trabajo ni lo será nunca. Creen que al trabajo se va a disgusto, padeciendo y fastidiado. Y como aparentemente no padecemos porque hacemos lo que nos gusta y además desde donde elegimos nosotros, pues eso desconcierta mucho y da por pensar que quizá eso es de gandules.

Nada viene de regalo. Muchos autónomos que trabajamos en soledad tenemos que lidiar con cantidad de retos que iré tratando más adelante, pero que van de la necesidad de autodisciplina a la falta de contacto con los demás… Algunas cosas se pueden trabajar y te enriquecen (lo primero) y otras van intrínsecas en la profesión (lo segundo) y son un inconveniente como el que pueda haber en cualquier otro trabajo, desde luego.

En cuánto a las opiniones de los demás, no podemos cambiar su manera de pensar. Mejor que lo que digan o piensen las personas sin experiencia en el mercado artístico nos entre por una oreja y nos salga por la otra. Y cuánto antes mejor. De verdad. Tenemos que escucharnos a nosotros mismos y confiar en nuestras capacidades; en desarrollar nuestro potencial y en hacer crecer nuestro negocio día tras día para ir viendo por qué fascinantes caminos nos lleva.

El mundo del arte es verdaderamente creativo y, sobre todo, es real y tangible como forma de vida. Nos expandirá enormemente nuestra alma y nuestra mente, así que no perdamos tiempo escuchando a las personas que no han tenido posibilidades de ir más allá de sus ideas infundadas.