Artículos sobre arte

¿Cómo gestionar tus finanzas para vivir del arte? Tercera parte: ¿Austeridad o sensatez?

3. La importancia de la sensatez

Vamos con la tercera premisa o reflexión para avanzar como artistas en nuestras finanzas personales. Y mi reflexión para este artículo gira entorno a la sensatez, que en última instancia me parece más importante que la austeridad.

Como decíamos en los dos artículos anteriores, el truco de todo está en la mentalidad y en el control de la situación. La gente realmente rica a todos los niveles, lo es en muchos aspectos más allá del dinero y no van gastando en gilipolleces por doquier para aparentar lo que no tienen o lo que no se han ganado por sus propios medios. Vivimos en una sociedad en la que el culto a la imagen tiene un peso superlativo y donde la mayoría lo que quiere en el fondo es aparentar, llevar un tren de vida alto pero muchas veces a base de estar endeudados con créditos y, para colmo, contando con una sola fuente de ingresos propia que se puede ir al traste en cualquier momento. Eso no es inteligencia financiera.

No te dejes engañar por las apariencias. Cobres mucho o poco, lo que te hace más rico a nivel económico no es cuánto cobras, si no cuánto tiempo podrías estar sin trabajar.

Nos sorprendería ver que la gente realmente rica en muchos aspectos no necesita ir aparentando. Tienen un gran control de sus ingresos y gastos, ahorran, y además aplican lo que veremos en los dos últimos artículos; invierten y construyen activos. Para ellos el camino económico es de bajada, entre otras cosas porque no están especializados en gastar mucho y aparentar mucho, están desahogados y por eso suelen tener excedente como para, en algunos casos, incluso crear fundaciones o dar grandes cantidades de dinero a otras causas de las que nos podamos beneficiar todos.

Lamentablemente, de entrada en nuestro día a día nada ni nadie nos invita al ahorro real. Las marcas nos hablan de ahorro en sus anuncios pero siempre en relación a lo que cuestan otros productos y en el ahorro al comprar los suyos. Su intención última siempre es que consumamos, no que ahorremos. A nadie le conviene que guardemos una parte de nuestro dinero, ni en el banco ni mucho menos en casa. Así que nadie nos habla normalmente de ahorro. Eso, sumado a que lo que apetece a la mayoría de la gente es el hecho de hacerse notar, el culto a la forma marcado por posesiones que actúan como bienes posicionales, hace que muchas veces nos entren las cosas por la vista y nos endeudemos para conseguirlas.

Pero imaginemos la siguiente situación. Pensemos en un nuevo ejecutivo que cobra 6.000 euros al mes y empieza a llevar un tren de vida alto, con una hipoteca por una casa de 250 metros cuadrados en la zona alta de una gran ciudad que ya necesita casi la mitad de su sueldo más el mantenimiento de la casa, un deportivo que está pagando a plazos y cuyo mantenimiento también cuesta una barbaridad, más un televisor de 65 pulgadas y 30.000 euros que también está pagando a plazos, suscripciones a club de tenis y cuatro o cinco gastos fijos más. Esta persona, con su nuevo cargo, ha ensanchando inconscientemente su lista de gastos y ahora gasta de media 6.500 euros al mes. Es decir, su tarjeta de crédito va más de culo que la metralleta de Rambo.

Lo que se ve no es lo que hay. Puede ser divertido vivir a todo tren y usar todo el efectivo que entra para llevar una vida lujosa, pero ser experto en gastar es muy distinto de tener inteligencia financiera y construir un patrimonio para transformar el mundo.

Tal vez quiere demostrarle a algunos de sus nuevos vecinos y a sus familiares que puede con eso y con mucho más, pero como hemos visto, muchos de esos lujos que ven los demás tienen forma final de deuda (hipoteca, créditos, suscripciones…), aunque en su cabeza y en sus emociones existen para  justificar su puesto y su sueldo, y aparentemente consiguen crear ese efecto.

La verdad es que esa persona ni es rica ni piensa como alguien inteligente financieramente y, para colmo, tiene algunos vecinos que cobran más que él, como algún cirujano al que se la tiene jurada. Emociones al margen, su delicado compromiso a muy largo plazo con el banco depende de que a alguien más arriba en su empresa no se le crucen los cables y lo ponga de patitas en la calle, y a parte tiene una deuda por compras con la tarjeta de crédito que van subiendo con los intereses. No tiene ni idea de en qué se le va el dinero que cobra y cualquier pequeño imprevisto hará que tenga que pedir prestado para solucionar la falta de liquidez. Eso sí, de puertas afuera, vemos a una persona de clase alta que vive muy bien, como se suele decir: “Un triunfador”.

No señor, lo que se ve no es lo que hay. Puede ser divertido vivir a todo tren y usar todo el efectivo que entra para llevar una vida lujosa, pero ser experto en gastar es muy distinto de tener inteligencia financiera y construir un patrimonio para transformar el mundo. Gastar lo sabemos hacer todos, ya desde niños, cuando andamos por la calle con nuestros padres y les pedimos con el dedito ese juguete o aquél chupachups.

Si lo miras bien, y comparado con el caso que acabamos de ver, es mucho más rico alguien que cobra 1.500 euros pero cuyos gastos no superan los 1.000 o 1.200 si me apuras. A este le sobra, puede apartar un poco cada mes y tiene excedente de dinero, no de deuda. No paga lo que no tiene de antemano (paga las cosas al contado) y no tiene necesidad de aparentar porque sus necesidades reales están cubiertas. No se deja llevar por compras emocionales que tampoco le satisfacen durante un largo período de tiempo y que además le mantienen en la deuda y en el agobio. Por eso, cuando algo le entra por la vista (es humano y tiene emociones, como todos), no lo compra al momento. Se da antes un paseo, compara precios o lo consulta con la almohada. No hace compras impulsivas e innecesarias.

Fijémonos que, incluso en el primer caso, si el ejecutivo que cobra 6.000 se pateara  únicamente los 6.000 euros y no incurriera en deudas, seguiría siendo más pobre que el que cobra 1.500 y le sobran 300 al mes. En un año, el primero tendría 0€ de reserva y el segundo casi 4.000.

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Las apariencias engañan mucho si hablamos de finanzas. Pero lo que quiero resaltar aquí es la importancia de vivir ajustado a tus posibilidades y procurando crear un excedente mensual marcado. Como personas y, a la larga, como país, no podremos salir de las crisis hasta que no salgamos de la deuda y no veamos que el dinero debe crearse por nuestros propios medios antes de pedirlo sin ni siquiera saber muy bien cómo lo vamos a devolver. Esto es lo que está pasando a nivel estatal. España está cada vez más endeudada. Mirar sólo el PIB para indicar que hay crecimiento y no señalar la deuda creciente es ser muy obtusos con la situación. ¿Cómo se va a pagar la refinanciación de una deuda ya impagable? ¿con más impuestos a los ciudadanos?

Cualquiera puede ser un experto en gastar. Gastar lo sabemos hacer todos, ya desde niños, cuando andamos por la calle con nuestros padres y les pedimos con el dedito ese juguete o aquél chupachups. Ese hábito continúa en la madurez, cambiando a los padres por otros fiadores, pero no tiene nada que ver con la inteligencia financiera.

La verdad es que a mí y a muchos artistas de origen humilde que deseábamos dedicarnos al arte por encima de todo no nos ha quedado otra que ser austeros desde el principio y evitar ciertos gastos más que la peste, al menos en nuestros inicios. Pero a parte de la inversión, de la que hablaremos en el siguiente capítulo, y al margen de lo dicho hasta ahora, en mí opinión el ocio o ciertos lujos son también importantes y hay que darles cabida. Así que yo diría que se puede e incluso se debe guardar otro porcentaje de los ingresos para el ocio y ciertos lujos. Hay quien recomienda otro 10%. 

En todo caso, lo crucial es ver que entraña peligro y angustia incurrir en deuda para aumentar nuestro nivel de vida, ya sea utilizando como fiadores a nuestros amigos, a un familiar o al Banco Central Europeo. Es una locura y es, a gran escala, la causa de la crisis del 2008 en absoluto superada, porque es una crisis de deuda, y la deuda (que no se puede devolver por sus dimensiones) no sólo no ha disminuido, sino que ha aumentado desde entonces. Así que seguimos todos en una burbuja o espejismo, en una huida hacia adelante con un final de promesas utópicas o virtuales que poco nos pueden acercar a la realidad hasta que no se cambien por completo los cimientos del sistema económico.

Por cierto, a pequeña escala, también es un error pagar un capricho con el dinero del ahorro o fondo de tranquilidad que estamos creando. El objetivo es tener un excedente real de efectivo, por eso ese fondo no se debe tocar salvo para una emergencia.

En todo este asunto de los lujos y los caprichos es muy importante saber esperar y saber gestionar las emociones. En lugar de decir “Lo quiero ahora” a la larga aprenderemos más si nos preguntamos: “¿Cómo puedo generar el flujo que pague este lujo?”

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Artículos sobre arte

¿Cómo gestionar tus finanzas para vivir del arte? Primera parte: control de ingresos y gastos

Según el estudio “La actividad económica de los artistas en España”, sólo el 15% de los artistas españoles vive del arte exclusivamente, y más del 50% no llega a 8.000 euros anuales, dinero entre el que se cuentan retribuciones de trabajos que nada tienen que ver con el arte.

En el libro, lleno de estadísticas interesantes fruto de una investigación exhaustiva, vemos cómo el factor de la edad importa bastante de cara a estar más establecido. Así, a partir de los 45 años se percibe que una buena parte de los artistas de esta edad tienen mayor retribución o por lo menos están más establecidos económicamente.

Pero, ¿realmente hay que esperar a los 45 años para empezar a tener cierta tranquilidad económica?

Si retrocediera en el tiempo 12  años, momento en que terminé de estudiar y empecé a buscarme la vida, lo primero que haría sería lo que no hice hasta diez años más tarde: Leer sobre emprendimiento, sobre educación financiera y sobre negocios 2.0

Personalmente, hasta hace muy pocos años siempre había tenido una relación de miedo y rechazo al dinero. Sufría por su posible ausencia y a la vez, en el fondo, lo rechazaba y no lo gestionaba bien. Además, en mi familia a menudo se decía que del arte era muy difícil vivir y, aunque hace diez años que vivo solamente del arte, durante parte de estos años continuaba acomplejado y pensando que este estado de gracia era un golpe de suerte que en cualquier momento se terminaría. No fue hasta que empecé a interesarme por el tema de la educación financiera y a activar mi mente entorno a otros parámetros  cuando realmente empecé a ver que no tenía ningún problema real de dinero, que sólo lo tenía en mi mente; en la angustia por su posible ausencia y en la programación que había adquirido de pequeño.

Si retrocediera en el tiempo 12  años, momento en que terminé de estudiar y empecé a buscarme la vida, lo primero que haría sería lo que no hice hasta diez años más tarde: Leer sobre emprendimiento, sobre educación financiera y sobre negocios 2.0. En ese momento, con 24 años no podía porque el dinero me parecía sucio y corrupto como la gente que lo maneja en grandes cantidades, más todavía cuando yo tenía parejas que daban tanta importancia a este tema y que a mí me parecía banal. En realidad, nunca lo ha sido; es un aspecto importante en esta dimensión nos guste o no.
Al margen de los impedimentos interiores,
cualquiera que empieza un negocio por su cuenta es un emprendedor, y como tal, tiene que disponer de unos conocimientos si no quiere naufragar a las primeras de cambio. Lamentablemente, tener talento es sólo una parte de lo que se necesita. Pero no la única para vivir del arte. Hay que gestionar bien muchos aspectos del negocio, entre ellos el económico.

En mi caso, al cumplir 34 años, aunque hacía años que ganaba solo con el arte una retribución bastante habitual hoy día en mi país, también me di cuenta de que no retenía nada de lo que entraba, que seguía sufriendo por los imprevistos y que tenía miedo de cambiar el ordenador o comprar material por si acaso después necesitaba el dinero invertido. También empecé a tener curiosidad por el tema de la jubilación y las incógnitas a las que nos lleva la misma, aunque todavía me quedasen 30 años para llegar a la edad oficial de jubilación.

En mi caso, al cumplir 34 años, aunque hacía años que ganaba solo con el arte una retribución bastante habitual hoy día en mi país, seguía con una mentalidad demasiado rudimentaria a nivel financiero

Así pues, me empezaron a picar la curiosidad los libros sobre educación financiera y los libros sobre dinero en general para descubrir maneras más sofisticadas de gestión. Lo primero que hice, no sin cierto recelo, fue escuchar ponencias sobre el tema vía youtube, mientras estaba pintando. Y la verdad es que ya conecté más de lo que esperaba con el tema. En gran medida esos coachs hablaban un lenguaje que me entraba bien y que ya estaba poniendo en práctica: vivir sin jefe, dedicarte a lo que te gusta, cuidarte tú mismo de tu jubilación (qué remedio, visto lo visto de cara al futuro) y otras movidas que, si bien sonaban un tanto capitalistas para alguien como yo, encajaban bien con mi trabajo freelance tan autogestionado. Así que continué con los libros sobre educación financiera que iban recomendando en los audios y las charlas que escuchaba. Leí decenas de libros y aprendí muchas cosas, al margen de dejar aparcados más prejuicios sobre el dinero y sobre los ricos.

He instaurado muchas de las lecciones aprendidas y ya las pongo en práctica en mi vida para que no sean mera teoría que no va a ningún lugar. Es por eso que voy a exponer las más importantes o las que creo que pueden ayudar a mejorar la vida económica de otros artistas.

 

1. Control de ingresos y gastos

En finanzas se suele hablar de activos y de pasivos. Un activo es aquello que te proporciona dinero. Y un pasivo te lo quita. Un trabajo es un activo. Un negocio es un activo. Tener una propiedad alquilada es un activo (no deja de ser un negocio). Un coche, aunque se puede vender y alquilar y en ambos casos dará dinero, normalmente es un pasivo porque si lo usamos, aparte de que se devalúa muy rápidamente, requiere gastos periódicos en gasolina, ruedas, itv, seguro, reparaciones, etc. ¡Es un gran pasivo!. Igual que una casa. Teniendo dinero te puede valer la pena comprar una casa y olvidarte de alquileres e hipotecas, pero aún y habiéndola pagado, también hay gastos de mantenimiento, comunidad, luz, agua y otros impuestos. Así que es un pasivo también. Personalmente, y puesto que si algo detesto en esta vida es endeudarme, creo que es preferible pagar un alquiler asequible que te permita ahorrar antes que meterte en una hipoteca con el banco que vayas a pagar personalmente durante décadas. 

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Fuente: Pixabay

Pero, más allá de esto y vistos los conceptos de activo y pasivo, la primera cosa que vale mucho la pena hacer son unas tablas en Excel para anotar los ingresos y los gastos de cada mes, gastos que previamente podemos haber apuntado en el móvil o en una libreta pequeña cada vez que se hayan producido.
Estos gastos se pueden dividir en apartados (gasto de logística, gasto fisiológico, gasto lúdico, gasto intelectual u otros), Al escribir y registrar en nuestra tabla los gastos mes tras mes iremos ganando en tranquilidad, puesto que entre otras cosas podremos identificar los gastos extra imprevistos y los gastos extras fijos, que son los que podemos prever como el impuesto del coche, el seguro de la casa u otros como matrículas, que siempre llegan los mismos meses del año (tal vez estos se pueden subrayar). También podremos deshacernos de aquellos gastos que parecían imperceptibles, como aquella suscripción a una revista que nunca miramos, un producto desorbitado de precio que no aporta nada, la cuota del gimnasio al que nunca vamos, etc.

Al final, recordando cada compra valoras el precio de las cosas en función de todo lo que te reportan y eres más consciente de tu vida como consumidor

De esta manera, cada céntimo que salga y cada céntimo que entre estará controlado, y nuestra mente ya no proyectará nubarrones de escasez tan fácilmente como hasta la fecha. Veremos los gastos prescindibles y podremos decidir si nos deshacemos de ellos, ya que estarán identificados. Podremos ver si un mes hemos gastado más de la cuenta en comida, si una tienda es mejor que otra en relación a calidad, etc.
Al final, recordando cada compra valoras el precio de las cosas en función de todo lo que te reportan y eres más consciente de tu vida como consumidor.