Diario de un pintor

Mi experiencia en los concursos de pintura rápida. Tercera parte

Gestionando mejor el tiempo. Alcanzando más nivel de acabado 

Después de terminar 2015 participando en un cuarto concurso de rápida (en el cual salió un cuadro bastante olvidable que tiré a la basura) ya no habría más participaciones hasta 2016.

El 5 de junio de 2016, ya viviendo en Navarra, participé en el concurso de pintura rápida de Lesaka, en el norte de Navarra. Era un concurso de mañana y el pueblo era bien bonito y el ambiente fue genial. Parecía que iba a llover y me resguardé en un lugar cubierto.
Este fue el cuadro que presenté (60 x 80 cms):

lesaka-concurso

A partir de ese momento me di cuenta de que los cuadros que se veían más terminados tenían todos los ángulos y las líneas rectas realizadas con regla, lo cual daba mucha mayor sensación de acabado y de perfección. Era algo que, de haber aplicado a mi cuadro, hubiese tenido más puntos para competir. Otro factor importante es que tenemos que tirar de nuestra imaginación y alterar lo que vemos para añadir nuestro punto de vista. Es decir, si es un día gris o estás pintando toda una superficie de la imagen que de por sí no tiene gran cosa en cuánto a color, lo mejor que puedes hacer es interpretarla a tu manera. Alterar la luz y el color y poner de tu parte para mejorar la imagen a través del cuadro. Eso estoy muy acostumbrado a hacerlo en cuadros de varias sesiones que me miro una y otra vez, pero por sensación de falta de tiempo no lo hacía en los concursos de pintura rápida.

A la semana siguiente me presenté a un concurso en un pueblo de La Rioja con un cuadro que todavía no tengo conmigo ni teno fotografiado. Y al cabo de dos semanas, el 18 de junio, me presenté al de Monteagudo, en el sur de Navarra; En este de Monteagudo se reparten siete premios, que van entre los 3.000 euros el primero y 600 el séptimo. Un concurso de jornada entera, hasta las 18 y entrega de premios a las 20h de la tarde, y realmente fue el primer concurso en el que noté que empezaba a poder presentar un cuadro acabado en un solo día. Quedé bastante contento, aunque al cuadro le faltaba algo de gancho en el color, tenía bastante detalle (60 x 120 cms):

monteagudo

Aunque no quedé entre los siete con premio, quedé seleccionado entre los 25 primeros y el cuadro formó parte de una exposición que se realizó para conmemorar el concurso.

Por último, en septiembre me presenté a otro en Aoiz. Ese día se tenía que dibujar el característico puente romano del pueblo, y había otra vez casi cien pintores. Algunos venidos desde Galícia, otros de tierras manchegas o también algunos de Francia. La razón, o una de las razones, era muy probablemente la cuantía de los premios; 5000 el primero, 3000 el segundo y 2000 el tercero. Aprovechando que Aoiz queda muy cerca de Pamplona, fui un par de días antes para ver el ángulo desde el que pintaría el puente y pensar qué colores iba a usar, ya que, como hemos comentado otras veces, la luz cambia a lo largo de todo el día y es mejor tener clara la idea de lo que vas a pintar para no luchar contra el tiempo, los cambios de luz y de colores. Me encontré con otros pintores estudiando los ángulos también. Pensé que sería muy interesante pintar el puente con colores cálidos y tostados y el agua incluso dorada. También ese día quedé muy contento con el resultado a pesar de que no hubo premio (61 x 116 cms):
Miquel_Cazaña_Aoiz_61x116

Satisfecho conmigo mismo por la evolución y por ver que empezaba a entrar en la línea de hacer cuadros más interesantes y más acabados con posibilidad de competir para premio, me pareció que a pesar de haber participado sólo en cuatro concursos en todo el año, la capacidad de terminar los cuadros en un solo día había mejorado mucho respecto al primer concurso del año anterior, incluso respecto al cuadro de Lesaka que mostraba al principio de este artículo

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Diario de un pintor

Mi experiencia en los concursos de pintura rápida. Segunda Parte

Después de la experiencia del primer día en los concursos de pintura rápida, y viendo todo lo que tenía por delante por aprender —no imaginaba que en unas horas los pintores especializados en esos concursos podían hacer cuadros tan impactantes y definidos—, decidí buscar uno para la semana siguiente mismo. Fue en Santa Eulàlia de Ronçana y allí, si cabe, hacía más calor todavía que la semana anterior. Era 19 de julio de 2015.

A mí favor, no obstante, tuve una encina que me cubriría del sol toda la mañana. También que estaba en un lugar realmente tranquilo y, por último, que el formatoronsana máximo era 15F si no recuerdo mal, bastante más aproximado a lo que yo estaba acostumbrado a trabajar. Esta vez, no obstante, sólo tendríamos la mañana hasta las 13.30h.

Empecé con un boceto bastante diluído en aguarrás y, una vez lo hube terminado, empecé a añadir óleo en mayor cantidad. Por entonces todavía no usaba la espátula (ahora me parece imprescindible en el trabajo al óleo y en los concursos), pero la pintura quedó mejor repartida que el día anterior. No hubo premio para mí pero vendí el cuadro al propietario de la casa pintada.

El siguiente concurso al que participé (tercero) fue a la semana siguiente. Era un nocturno en las fiestas de Arenys de Munt. Nit Bruixa, que le llaman. Los premios eran realmente suculentos (3.000 el primero si no recuerdo mal, y hasta un undécimo). Aquí ya tuve más factores a mí favor puesto que estoy muy acostumbrado a trabajar por la noche (más que no a levantarme súper pronto por la mañana para estar a las 8 en un pueblo que no conozco) y, además, la noche permite más licencias, por lo menos a mí. Puedo concentrarme en los puntos de luz trabajando desde una superficie oscura y crear atmósferas más sugerentes que no si tengo que plantearlo todo, puesto que tenía claro que sólo iba a usar uno o dos colores y no una extensa gama como haría si estuviera en casa trabajando un cuadro en varias sesiones.

Ese día (o, más bien, esa noche) me sentía bien. Busqué un lugar apartado del centro, en el cuál estuviera tranquilo. Después de algunas vueltas con el coche me encontré con una de esas esquinas que me gustan y que ya he pintado algunas veces. Una esquina desde la que se veía una calle que venía de arriba y otra que iba para abajo. Allí me planté. Había elegido ese día pintar otra vez sobre tabla (un soporte que me encanta) en un formato bastante apaisado, algo así como 60 x 120 cms. No estaba tratada ni nada, se veía el color marrón de la madera directamente.
Pero la locura más gorda fue que se me ocurrió pintar con titanlux, blanco, negro y rojo burdeos. No recuerdo bien porqué lo hice, aunque sí me pareció que me iba a sentir cómodo pintando en plan rudimentario. También usé algo de betún de judea para conseguir matices en el tono de la madera.

También tuve varias visitas de  varios vecinos realmente majos. Me trajeron coca-cola, agua, me dieron ánimos…Eso fue probablemente definitivo.

ARENYS

No fui sacando los higadillos como en los dos primeros. Al menos no tanto. La sensación era de más control del tiempo y de haber podido definir bien lo necesario. Una vez en la sala de entrega de obras había casi 50 participantes. Ese día no se falló el premio (¡eran las 2h de la madrugada!). Fue al cabo de unos días. Pero viendo mi cuadro entre los de los demás me pareció una propuesta muy digna, sobre todo en relación al que había presentado en el primer concurso. Gané el undécimo puesto y algunos cientos de euros. Contento teniendo en cuenta que era mi tercer concurso de rápida y que había casi 50 participantes, la mayoría de ellos profesionales de estos concursos con muchos años de experiencia.

Diario de un pintor

Mi experiencia en los concursos de pintura rápida. Primera Parte

12 de julio de 2015:
Primer contacto con los concursos de pintura rápida

Hace casi un par de años, en julio de 2015, me picó la curiosidad por los concursos de pintura rápida.
Lo cierto es que no había investigado hasta entonces esta modalidad porque de entrada creo que ni siquiera tenía muy claro que existían o cómo funcionaban esos concursos de un solo día.

Era el 10 o el 11 de julio y, investigando por internet, descubrí que en uno o dos días después, el 12 de julio, iba a haber uno cerca de Barcelona, en Vilafranca del Penedès. Pensé que la mejor manera de ver cómo eran esos concursos era participando. Así que me construí un soporte de madera que entrara en las medidas de las bases y, el día 12, bien prontito por la mañana, me fui hacia Vilafranca del Penedès.

Desde el primer momento me fui percatando de cómo yo iba a ir cayendo en todos los errores de los novatos, uno detrás otro, empezando por la vanidad: pensaba que iba a ganar y que los demás no tenían nada que hacer, a pesar de que era el primer concurso de rápida al que yo iba. Esta me la llevé por la tarde, en la recepción de obras, pero sin duda fue en toda la frente.
La segunda novatada fue casi solapada con la primera: Si no recuerdo mal las inscripciones eran de 8 a 10. Yo fui pasadas las 9, y me di cuenta de cómo los demás pintores habían madrugado; ya habían hecho las inscripciones y ya estaban en marcha pintando a plena calle, algunos con bocetos bastante avanzados. No se me ocurrió otra cosa que pensar que yo no necesitaría tanto tiempo como ellos. Grandioso.

De camino hacia el lugar de inscripción había visto una calle que me había
llamado la atención y allí me dirigí una vez inscrito. Era una calle bastante pintoresca desde la que se veía el campanario de la iglesia del pueblo. Una imagen bastante bonita que normalmente habría resuelto con bastante gracia. Hasta vista-vilafrancahacía pocos meses lo hubiese hecho en lápiz y después en varias sesiones en acrílico. Pero por entonces ya estaba pintando en óleo y me apetecía pintar en ésa técnica. Por otro lado, no había posibilidad de dedicar más que una sesión, aunque larga (teníamos hasta las 16 o 17h).
Tras un boceto a lápiz empecé a manchar el cuadro con el óleo bastante diluído en aguarrás. Hasta el momento todo iba bastante bien, o al menos yo tenía buenas sensaciones. Era un boceto que pintaba bien; con bastante luz y en el que parecía que se podrían apreciar detalles. Pero no duró mucho la sensación de buen rollo. Para mí, ahora es bueno combinar el trabajo en pincel para óleo con el trabajo con espátula. Además, en un concurso de pintura rápida puede ir mucho mejor la espátula para mover la pintura de un lado hacia otro, incluso para retirarla. Cuando participé en ese concurso hacía muy poco que había vuelto a trabajar en óleo, y además no tenía ni espátula ni la usaba, con lo cuál poco a poco ese primer boceto interesante empezó a derivar en un pastiche de colores que se mezclaban e iban cuadre-vilafrancaensuciando la superficie de un lado para el otro. A ratos veía un cuadro sin garra, sin demasiada luz y sin demasiada intensidad en los colores.

Me iba centrando en definir los detalles para que por lo menos se viera que sabía dibujar, pero pronto me fui dando cuenta de que acechaba otro problema, este todavía más grave para mí en ese momento: La luz ya estaba cambiando de lugar. Lo que antes era sombra ahora estaba iluminado directamente por el sol. Y la luz incluso ya iluminaba de manera diferente cada parte del cuadro.

Poco a poco se fue acercando la hora de la entrega, y aunque no fue hasta las 16 de la tarde lo cierto es que tuve la sensación de que no me había sobrado tiempo precisamente, más bien había ido sacando los higadillos, puesto que estaba acostumbrado a hacer los cuadros en varias sesiones y no en un solo día.

Con cierta curiosidad por saber qué habrían hecho los demás pintores, me fui dirigiendo hacía el lugar donde habíamos hecho las inscripciones, que también sería el lugar de la entrega de premios. La sorpresa fue mayúscula: La gran mayoría de cuadros expuestos tenían un formato realmente grande y transmitían una gran sensación de acabado. Eran cuadros con bastantes detalles y con trazos definidos y seguros, o por lo menos resueltos y frescos. Realmente la mayoría de pintores parecía tener amplia experiencia en concursos de pintura rápida y no había asistido por asistir. Era una competencia muy fuerte y ese día yo no tenía experiencia suficiente como para competir con ellos. Mi cuadro era mucho más pequeño y eso hacía que llamase menos la atención, pero además daba menos sensación de terminado y era un poco gris. A continuación los ganadores de aquél día: Xavier Gabriel Puiggròs, Julio García Iglesias y Ramon Pujolà Font.

1r-vilafranca2n-vilafranca3r-vilafranca

Cosas que aprendí para el siguiente concurso:

  1. Llegar pronto a las inscripciones
  2. Trabajar un formato de lo más grande que se pueda.
  3. Trabajar más con espátula y menos con pincel
  4. Trabajar con una gama más reducida de colores para no perder tanto tiempo con las mezclas y centrarme más en los detalles.
  5. Definir yo cómo trabajaré la luz o inventármela. Pero nunca ir cambiándola a medida que pasa el día.
Artículos sobre arte

Aplicar veladura en una pintura al óleo

Si estás trabajando en un cuadro que tiene un buen nivel de dibujo pero en el que hay problemas de color, como pueden ser colores chillones, colores apagados o, simplemente, te gustaría darle un aspecto monocromático, seguramente la veladura es una buena solución para ese cuadro.

Uno de los innumerables recursos con los que contamos en la pintura al óleo son las veladuras. Si bien es cierto que en acrílico también se pueden emplear, a mi parecer relucen con mayor esplendor en la pintura al óleo. Una vez más, el lento secado de los aceites permite moldear la pintura a nuestro gusto, durante más rato y ofreciendo un resultado más brillante y artístico.
También la podemos aplicar en acrílico, desde luego, y como siempre el cuadro se va a secar antes, pero el inconveniente será que la sensación de transparencia será inferior o, lo que es peor, en caso de que no la apliquemos con mucha pericia, si el color de la veladura es oscuro ésta puede parecer que se ha hecho con agua sucia.

Hace casi un año participé en el concurso de pintura rápida de Lesaka, en el norte de Navarra. Día gris, motivo desconocido para mí ya que no había ido antes a buscar el lugar que iba a pintar (ni siquiera conocía el pueblo hasta ese día), y poco tiempo puesto que el concurso era de mañana (hasta las 14h).

Con sólo cuatro concursos de pintura rápida a mis espaldas (aunque con premio en uno de ellos y venta en otro) tenía potencialmente por delante a otros pintores que podrían presentar cuadros más acabados y más definidos que el mío. Igual que me había pasado en los primeros concursos de pintura rápida, un inicio prometedor con un manchado interesante dio pie a media mañana a un cuadro un pelín sucio en cuánto a colores y falto de vida en general.
Es lo que pasa cuando estás acostumbrado a trabajar en estudio y en varias sesiones, que te planteas los cuadros y las modificaciones a largo plazo y te cuesta resolverlo todo en unas pocas horas. Y es por eso que admiro a los pintores de rápida, porque alucino con el factor velocidad, que si bien les obliga a pasar por encima de muchos detalles, presentan siempre cuadros impactantes y con mucha impresión de acabado.

lesaka-concurso

Mi cuadro de Lesaka (sobre estas líneas tal como lo presenté) gustó a los asistentes pero ese día no obtuve galardón alguno. Las dimensiones cuentan sin duda; para los concursos de rápida cuánto más grande mejor. El mío no era de los más grandes. Habitualmente intento esquivar los tamaños tan grandes porque después me cuestan más de vender. Tiene que ser un motivo maravilloso, y muchas veces en un concurso de rápida no nos da tiempo de encontrar ese “motivo maravilloso”.

Con voluntad de pulir y perfeccionar ese cuadro, ya en el estudio me puse a pensar en opciones para darle un “toque” y verlo como un cuadro que yo mismo compraría. Primero le añadí nieve, aunque me continuaba pareciendo soso y sin motivos a destacar. Quizá también había luz demasiado veraniega para ser un día de invierno o nevado por lo menos.

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Luego pensé en las típicas imágenes de Laponia, y me acordé de cuando Papá Noel está terminando de dar de comer a sus renos y sale ya de casa con todos los regalos de todos los niños del mundo, y pensé que ese tipo de luz de noche mágica de navidad era la que me apetecía que este cuadro tuviera. Así que, sin pensarlo más, mezclé esencia de trementina y aceite de linaza y le añadí el azul, creo que azul cobalto con algo de negro.

Finalmente, encendí las luces de todas las casas de la aldea y puse a pasear una pareja de enamorados con un perro, para añadir algo de vida al cuadro.

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En el siguiente video os haréis una idea de todo el proceso desde el principio.

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La importancia del bodegón en la pintura

la pintora catalana Carmen Gandía realizó numerosas naturalezas muertas a lo largo de su carrera artística
Mi abuela, la pintora Carmen Gandía, realizó numerosos bodegones a lo largo de su carrera pictórica

El bodegón es uno de los géneros más reconocidos a lo largo de toda la historia del arte. La pintura ha representado naturalezas muertas con todo tipo de disposiciones, elementos e iluminaciones: decorados de mesa, estudios de caza, fruteros con una visión minuciosa, abstraída o colorista…
Del bodegón renacentista, rico en detalles y definición, al bodegón que surgió cuando la pintura dio su atrevido giro hacia la abstracción, el género se ha mantenido como una fuente constante de inspiración para los artistas.

En una de mis últimas exposiciones, en la que había un bodegón, algunos de los asistentes se preguntaban abiertamente: ¿Y esto qué interés tiene? ¿Unos pimientos qué gracia tienen?
Para mí es un género tremendamente interesante por la simple razón de que, si la obra es buena, refleja la singularidad y el brillo de sencillos elementos de nuestra vida cotidiana que nos pasan bastante desapercibidos, ya que en la mayoría de los casos les ponemos la etiqueta mental de “obvio” y a otra cosa mariposa.

Probablemente mi interés por este motivo también viene de la influencia de mi abuela Carmen Gandía, que en los veranos de hace dos décadas me enseñaba a pintar bodegones al óleo como lo hacía ella.
Su aportación al género de las naturalezas muertas es variada y considerable, como muy pronto podréis empezar a ver en la primera fase de la web dedicada a ella.

Carmen Gandía

Las reproducciones de Carmen Gandía

Reproducción de "La Vicaria", de Marià Fortuny. Pintura al óleo de Carmen Gandía
Reproducción de “La Vicaria”, de Marià Fortuny.
39 x 62 cms. Óleo sobre tela

Amigos, si os dijera que esta obra es “La Vicaria” de Marià Fortuny probablemente me creeríais.
Pero… Lo es realmente?

Una de las vertientes de mi abuela, la pintora Carmen Gandía, era la reproducción de obras de grandes pintores:
Leonardo Da Vinci, Peter Paul Rubens, Marià Fortuny o, sobre todo, su admiradísimo Francisco de Goya, con el que tan identificada se sentía con el problema de la sordera.

Mi abuela Carmen reproducía con fidelidad las obras de estos históricos pintores, a la par que lograba preservar y transmitir la majestuosidad que destilaban las obras originales, como en este caso concreto de La VIcaria.

Recuerdo que de pequeño miraba esos cuadros y al hacerlo vivía un inmenso impulso a sentir y a respirar la historia de la pintura. A entrar en su mundo y en el de estos grandes artistas con un respeto y una fascinación que no perdería jamás.

Reproducción de la Vicaria, de Marià Fortuny
Carmen Gandia (1923-2001)
Óleo sobre tela. 39 x 62 cms