Artículos sobre arte

¿Cómo gestionar tus finanzas para vivir del arte? Quinta parte: múltiples fuentes de ingresos

5. Múltiples fuentes de ingresos

Si algo he ido aprendiendo con el tiempo es que es mejor cobrar con frecuencia importes variados que un importe grande de uvas a peras. Por ello, y siguiendo con el punto cuatro en el que hemos hablado de la inversión, creo que es muy importante diversificar lo máximo posible los contactos/clientes/fuentes de ingresos. Eso quiere decir que no me centraría en vender solamente a pie de exposición, a mis contactos u a través de galerías online, si no que buscaría todas las maneras que hay hoy día para atraer a nuevos potenciales interesados en mi trabajo y que puedan adquirir mis creaciones de las maneras y formas más variadas posible.

Y es que más allá de la expansión continua a través de contactos, hay maneras de ampliar las fuentes de ingresos. Son maneras en las que no tendremos que invertir dinero si no tiempo, y con ello podremos generar lo que se denominan ingresos pasivos o recurrentes:

  • Ingresos por derechos de imagen o de reproducción. Por ejemplo en las galerías online de gadgets en las que podemos aplicar nuestros diseños. Hay muchas webs en esta línea y funcionan: cafepress, zazzle, fineartamerica, latostadora, shutterfly, society6, redbubble. Así como otras únicamente de láminas, como allposters.
  • En esta línea, también hay variantes que van en esta dirección y que nos pueden ayudar a saciar nuestras inquietudes artísticas en todas sus formas. Por ejemplo, si nos gusta la fotografia y tenemos material, hay webs como pixabay, un inmenso banco de imágenes gratuitas, con muchos artistas que ofrecen su trabajo y con muchos usuarios que necesitan fotos para configurar sus artículos, sus presentaciones, sus revistas… Una vez descargas una foto, estás invitado a realizar una donación si quieres. No cuesta nada pagar uno o varios euros por una foto que te va a hacer un servicio. Yo lo uso a menudo y los artistas de los que cojo fotos me escriben a veces para darme las gracias. Imagina qué sucede si tienen muchos artículos y muy frecuentemente tienen descargas y donaciones. Ah, en esta web también he visto ilustraciones.
  • Ingresos por la venta de conocimientos a través de libros o de manuales técnicos. No hace falta imprimirlos en papel, los podemos vender como e-books y así vemos si funciona sin tener que imprimirlo e incluso los presentamos a modo de prueba/error (si más tarde se imprimen podemos ajustar todo lo mejorable). Por ejemplo, a mí me gusta mucho la restauración y mi madre es decoradora. Tengo algunos materiales sobre este asunto y quien sabe si en un tiempo preparo un manual práctico para otros y lo ofrezco a un precio asequible. Estamos en la era de la información, del “Know how”, eso significa que es probable que tú, como profesional en un campo concreto, tienes conocimientos que a otros les puedan interesar.
    Yo  por ejemplo he estado mucho tiempo buscando libros de pintura que hablen concretamente sobre las diversas técnicas que se usan en arte contemporáneo. También suelo mirar información sobre como hacer tus propios marcos y conseguir un acabado profesional. Así que yo sería un potencial comprador de ebooks en esta línea.
  • Publicidad en youtube. En la misma línea de la venta de conocimientos a través de libros, si abrimos un canal de youtube explicando nuestros procesos pictóricos seguro que en no mucho tiempo tendremos unas cuantas visitas. En la medida en que ayudemos a los demás a solucionar sus problemas veremos como sube la atención hacia nuestro canal. A partir de 10.000 visitas, podemos decidir poner anuncios en nuestros videos y cobrar un pequeño porcentaje cada vez que los usuarios entren en ellos.

Son solo algunas de las muchas ideas de micronegocios que pueden aliviar nuestra economía y quien sabe si ser la semilla de algo que se hará muy grande con el tiempo. Incluso, por qué no, pueden ser pasos que a la larga nos permitan cobrar el dinero base que necesitamos para el día a día. La gente que mueve mucha cantidad de dinero lo hace todo así, a base de activos que les rentan dinero por todas partes, y eso es algo que a los artistas nos viene genial. Solo es cuestión de adecuación y de constancia. De pensar en situaciones, productos e ideas en las que todos ganen. Que ganes tú como artista y como persona que se siente feliz por ayudar a los demás, que gane la plataforma que impulsa tu producto y que gane la persona que se beneficia con tu producto artístico o con tu conocimiento. Es una manera de hacer más completo tu negocio y a la vez de facilitar el camino de bajada en tu economía.

Y con este capítulo cerramos el ciclo de cinco artículos sobre economía para vivir del arte. Espero que te hayan parecido interesantes estos artículos y haberte podido ayudar.

Al final, las claves están más que estudiadas y son sencillas. Congeniar lo que a uno más le gusta con lo que a los potenciales compradores más les atrae, controlar el gasto y dejar de ser deudor compulsivo para ser una fuente de ideas y de recursos en constante expresión que tiene multitud de ideas de calidad por ofrecer a los demás y, como consecuencia, vive tranquilo económicamente.

mountains-1645465_1280Fuente: Pixabay

 

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10.000 horas para llegar a profesional

  • ¿Has dicho que son necesarias 10.000 horas para llegar a profesional?
  • Depende de cada caso pero, en líneas generales, sí. O siete años de experiencia.

Recuerdo cuando tenía 28 años, participé en una exposición colectiva en una galería de Barcelona. Uno de los días posteriores a la inauguración me acerqué otra vez y el marido de la galerista me dijo algo que recibí como un muy buen consejo: “Ahora lo que más tienes que hacer es pintar y practicar, y para eso no necesitas a nadie”.

A medida que voy conociendo a personas que pintan como hobby y a pintores profesionales, me doy cuenta, a diferencia de lo que yo creía, que la experiencia cuenta muchísimo. Siempre había pensado que el hecho de dibujar bien lo era prácticamente todo y que el haber pintado más o menos tiempo tampoco importaba demasiado. La verdad es que no podía estar más equivocado. En mis propias exposiciones siempre hay personas que me dicen que se nota una evolución respecto a la exposición anterior o a las anteriores. Y ahora, cuando hablo con pintores, siempre noto bastante diferencia entre los que lo tienen como un hobby y pintan poco o los que van a fuego y tienen un historial de vuelo impresionante.

Y es que, según el libro “La historia del éxito” del autor Malcolm Gladwell, 10.000 horas es la cantidad de tiempo que se necesita para dominar cualquier una actividad. Yo, desde la línea de Trabajo Interior de Antonio Blay, siempre he escuchado que la cantidad de tiempo necesaria para dominar una profesión son siete años. Más o menos, contando las vacaciones y los días de fiesta, viene a ser una cantidad de tiempo cercana a 10.000 horas.

El caso es que este autor, Malcolm Gladwell, defendió su teoría mediante ejemplos de famosos que han destacado por encima del resto, aparentemente por sus cualidades innatas y extraordinarias. En su libro nos habla de Bill Gates, y nos comenta que, por una serie de circunstancias, fue prácticamente el único que en su adolescencia pudo programar con ordenadores una auténtica sarta de horas, mientras el resto tenía que usar un sistema de programación con cartulinas que después pasaban a un especialista que lo probaba en un ordenador, con lo cual en realidad practicaban una birria en comparación con Bill Gates. El autor nos explica que, para cuando los ordenadores unipersonales estaban a la orden del día, Bill Gates estaba a años luz del resto en cuanto a experiencia. Llevaba una inmensa ventaja respecto a cualquier otro programador.
Lo mismo viene a contar el autor sobre Los Beetles. Analiza la experiencia de los componentes antes de juntarse en una larga estancia en Hamburgo, en la que al parecer hicieron conciertos diarios de ocho horas durante años. Después de explicar por qué al término de esa estancia el grupo ya había practicado las 10.000 horas necesarias, otro productor comenta que en ese momento Los Beetles tenían un sonido como ningún otro grupo del momento.

10.000 horas o siete años es la cantidad de tiempo aproximada que se necesita para dominar una actividad

En la pintura este no es un tema menor. Yo alcancé un buen nivel en ilustración y dibujo en 2011, porque era lo que más había hecho desde que me gradué en 2005. Y en pintura noté ya una gran diferencia o me empecé a sentir profesional de verdad en 2014, fecha que coincide con los siete años de experiencia intensiva en pintura. Fue el momento en el que volví a trabajar en óleo después de 14 años de no tocarlo, y vi que aquello tenía enorme posibilidades para mí, básicamente porque ya iba muy rodado de trabajar en acrílico y otras técnicas. Viéndolo en perspectiva, no cambiaría por nada toda la enorme cantidad de tiempo que he dedicado a pintar. Creo que hubiera sido absurdo dedicar ese tiempo a cualquier otra cosa. Y no fue fácil. Hasta que no estuve seguro del todo no me encontré con las personas adecuadas (sobre todo la pareja) que, al fin, estarían en condiciones de entender cien por cien mi proyecto y me harían mucho más fuerte con su apoyo.

Igual que si fuéramos músicos que quisiéramos abrirnos camino en la música o programadores a principios de los setenta, varios condicionantes nos dificultan muchas veces la prioridad de invertir el tiempo necesario para dominar esta profesión. Tenemos en primer término el miedo a no tener ingresos fijos. Este puede ser un condicionante propio o un mantra introducido en nuestra mente por otros, como pueden ser familiares o la pareja. Si este es tu caso, plantéate si para ti la seguridad es más importante que la libertad, o si para empezar lo que quieres es un equilibrio entre ambas. Es importante tener en cuenta que los ingresos se deben mirar de año en año, y no de mes en mes. En una exposición tal vez vendas cuadros por valor de 3.000 o 6.000 euros o más, y eso compensa algún que otro mes que es más flojo. En mi caso, hasta que en 2012 no hice el recuento en un excel de forma anual no vi claro que ya estaba teniendo unos ingresos interesantes y podía dejar de pasar nervios por eso de una vez por todas. 

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Soir Bleu (1914), de Edward Hopper. Un pintor que ha inspirado a publicistas, fotógrafos y directores de cine. Sin embargo, no pudo vivir de su pintura hasta pasados los cuarenta años.

 

Si le das demasiado peso a este mantra (lo más importante es tener un trabajo seguro) las horas principales de tu día pueden estar ocupadas por un trabajo que no tendrá relación con la pintura. La libertad también es importante y, más allá de eso, es posible. Hasta los 28 años (2008) yo combiné la pintura y la ilustración con trabajos esporádicos que me gustaban menos. Acudía a ellos cuando lo necesitaba de vez en cuando pero volvía siempre a la pintura y a la ilustración y gozaba como nadie al levantarme y ser libre para desarrollar mi creatividad.

El caso es que, sea cual sea tu situación (trabajo de media jornada, paro, trabajo a jornada completa) si realmente quieres avanzar en el arte y pintar es lo que más disfrutas de todo, tendrás que estar atento a tu voz interior y, si esta te dice que el arte es tu mundo, luchar por ello hasta que tú y por consiguiente tu entorno quedéis convencidos de que esta actividad es esencial para ti y requiere un tiempo que va a ser sagrado. Tendrás que encontrar las horas necesarias para avanzar hasta llegar a dominar las técnicas y hacer que la pintura sea tu día a día. El camino hasta las 10.000 horas es muy gozoso desde el principio, solo requiere escucharte y darle la importancia necesaria para que sea una prioridad.

Por otro lado, hay muchas maneras de conseguir tiempo durante los primeros años. Aunque es cierto que el factor económico juega un papel importante (y lo trataremos con calma más adelante), la necesidad de cobrar un sueldo suculento se puede reducir al principio dejando a un lado los caprichos y buscando un alquiler que nos permita estar más desahogados. Cuanto más asequible sea nuestra vida al principio, menos dinero necesitaremos ganar y por lo tanto más tiempo tendremos para avanzar en la pintura.

Algunos economistas dicen que el gasto en vivienda debería suponer como máximo el 25% de nuestro sueldo. Estoy de acuerdo, aunque hoy día creo que pocos lo consiguen. Buscar viviendas agradables y asequibles lleva su tiempo, pero es la mejor manera de tener excedente de tiempo y excedente de dinero, dos cosas que, al principio, nos vendrán como agua de mayo, como oro puro, para lograr alcanzar estas 10.000 horas o siete años de experiencia en la pintura. Paralelamente, yo recomendaría ahorrar por lo menos un 10 % de todo lo que se gane y que no se toque para nada de no ser que sea para una emergencia, para invertir en exposiciones importantes o para comprar algo que luego se pueda poner en alquiler y rente dinero. También es muy útil crear fuentes de ingresos recurrentes, por ejemplo vendiendo posters, tazas y camisetas con tus imágenes a través de webs como cafepress o society6, por ejemplo.

Cuanto más asequible sea nuestra vida al principio, menos dinero necesitaremos ganar y por lo tanto más tiempo tendremos para avanzar en la pintura.

Hay buenos pintores como Edward Hopper que no pudieron dedicarse a lo que querían hasta cumplidos los cuarenta. Edward, hasta entonces estaba en una agencia de publicidad y su trabajo no le gustaba nada. Así que no pensemos que la gente llega con la flor en el culo desde el primer día. Hoy en día abundan los vendedores oportunistas con poco talento cuya obra no gusta a gran parte del público (son vendedores expertos pero, en mi opinión, no son buenos pintores), pero también hay verdaderos monstruos que se lo han currado mucho para llegar donde han llegado.

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Produce más obra, amplia tus movimientos

¿Qué sucede cuando llegamos a una tienda (online u offline) y nos encontramos con pocos productos? Yo, personalmente, percibo cierta sensación de escasez o de falta de convicción en esa propuesta por parte del vendedor. Pienso, “vaya, qué poca cosa tienen. Poco me voy a entretener aquí”. Y si además lo que tienen lleva mucho tiempo puesto a la venta y no se vende, todavía peor. 

Lo mismo sucede cuando hablo con otros pintores en persona; hoy en día es muy fácil tener tu book en el móvil y compartir tus obras con los demás. La diferencia entre los profesionales y los amateurs es que los amateurs te enseñan muy pocos cuadros, y muchas veces son de hace mucho tiempo. Los profesionales, sin embargo, te pueden enseñar muchos cuadros de un plumazo y el último seguro que lo hicieron ayer o anteayer.
Así, pues, la sensación desde fuera viendo un caso u otro no tiene nada que ver; primero, porque la calidad en la obra es muy superior en los que pintan más, y segundo porque, en caso de querer yo comprar, tendría diez, veinte o treinta cuadros entre los que elegir. En el primer caso, el de alguien que pinta poco y tiene poca oferta, no resulta muy llamativo elegir entre un cuadro de hace un año y otro de hace un año y medio. No me da ninguna sensación de novedad ni de productividad, y además tampoco puedo entretenerme estudiando su pincelada, viendo un recorrido para finalmente tener más opciones de compra. Es una obra poco desarrollada.

A un nivel más amplio, tampoco tiene nada que ver una opción que otra. Si dispones de 70, 120 o más de 200 cuadros podrás hacer dos o tres exposiciones simultáneamente, podrás responder fácilmente a una o varias oportunidades de exposición y podrás  ofrecer cuadros de temática y tamaño bastante distinto. Venderás más y serás más profesional, aunque si bien es cierto que tendrás algo más de faena en la gestión, sobre todo si estás activo en varias galerías online. Pero tendrás muchas más opciones de ser visitado en internet y de que te conozcan. También es verdad que es difícil tener tantos cuadros en stock, a mí por lo menos me resulta difícil porque de una u otra manera los voy vendiendo antes y nunca alcanzo a tener más de 50 por vender (a veces, ni siquiera 20), razón de más para animarte a que produzcas mucho.
Siendo así, lo único que te puede pasar es que vendas mucho, ya ves tú qué problema; en las galerías online pones también tus mejores obras vendidas y eso te ayudará a seguir vendiendo. Al final, los compradores imitan a otros compradores, y un pintor que vende, nos guste o no, resulta más atractivo para los compradores.

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Hay muchas galerías online. Yo estoy en cinco: artenet.es, artelista.com, picassomio.com, artmajeur.com (Francia), saatchiart.com (Reino Unido). Puedo confesar que la galería en la que más vendo es artenet.es (aproximadamente una obra al mes), seguida de artelista.com. En saatchiart llevo poco tiempo, aunque según el experto en arte Don Thompson es el primer portal de venta de arte online en volumen de ventas.

Para producir más, muchas veces hay que superar la pereza y sobre todo el miedo. El miedo a tener exceso de cuadros y no venderlos, que se supera haciendo cuadros realmente buenos, con los que no te importe ir con ellos hasta el fín del mundo de tan orgulloso que te sientes de cómo han quedado. Así, los expondrás tantas veces como sea necesario para que nuevos ojos puedan descubrir tu talento. Este tipo de cuadros siempre reciben elogios, por lo cual si tienen que hacer una larga gira hasta ser vendidos tampoco pasa nada.

Mi consejo es: ajusta los precios, vende siempre y así podrás pintar siempre y nunca dejarás de aprender. Al final, tu evolución profesional es lo único que te hace más pintor, no el hecho de vender a 15.000 euros cuadros de tamaño 20F.

Aunque a veces es lo que más nos cuesta, es importante estar activos programando exposiciones y gestionando las galerías online, que son las plataformas en las que cada vez se venden más cuadros. Muchas veces me encuentro pintores más mayores que yo, que me dicen que no se vende nada en exposición o que por internet nunca han vendido ni una sola obra. Les pregunto en cuántas galerías están, y normalmente están en una, con pocos cuadros y sin poner los precios visibles. Esto se podría revertir estando en cuatro, cinco o más galerías (de España o de otros países), subiendo decenas de obras (subiendo obras para su venta pero también obras vendidas) e indicando los precios. Hay mucha manía en no indicar los precios, pero entonces uno no puede quejarse de que no vende. Si no se ponen precios lo que piensa el cliente es que la clavada va a ser legendaria cuando pregunte el precio. Mi consejo es: ajusta los precios, vende siempre y así podrás pintar siempre y nunca dejarás de aprender. Al final, tu evolución profesional es lo único que te hace más pintor, no el hecho de vender a 15.000 euros cuadros de tamaño 20F.

Entiendo que hay mucha gente que ya exponía en los 70, los 80 y los 90 a la que la era digital les ha quedado más alejada que a mí, pero además eso se agrava con la idea de que se necesita un marchante que mueva tus obras o si no estás perdido. Eso ya no es así, lo que se necesita es material y horas para pintar, un ordenador y ganas de relacionarse online y off-line.
Un marchante puede ayudar y en cierto momento es necesario para abrazar otros mercados, pero hasta llegar a eso, hoy día se puede vivir del arte sin un marchante.

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TÓPICO número 5: La gran mayoría de pintores son pobres y desconocidos. Una pequeña élite son ricos y muy famosos

¿Por qué mucha gente parece que valora a los pintores por su nivel de fama?

¿Hay que valorar la obra de los profesionales por el nivel de popularidad del autor o por la calidad del propio trabajo?

Ya me gustaría que los pintores tuvieran la misma repercusión social que los futbolistas. Pero normalmente muchas de las personas que me preguntan si soy famoso no conocen ni a dos de los treinta o cuarenta pintores vivos (o fallecidos) de gran calidad que me vienen a la mente en ese momento. 

Muchas veces, hay incluso desconocimiento de maestros de tiempos pasados. Una proporción alta de los mortales conoce a Picasso o a Velázquez. Pero más allá de estas referencias encontramos lagunas que nos sorprenderán más o menos, pero que ahí están. Es habitual que las personas que preguntan si somos famosos desconozcan a Ramon Casas o a Joaquín Sorolla, artistas que tuvieron posibilidades suficientes como para dar a conocer su obra incluso más allá de nuestras fronteras.

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Una de las excelentes obras del pintor valenciano Joaquín Sorolla y Bastida (1863-1923).

 

Los pintores no formamos parte de la jetset ni salimos en el Hola, en el Cuore ni en el ¿Qué me dices?
Cuando se dice que un pintor es conocido internacionalmente significa que los amantes del arte de algunos países lo conocen y conocen su obra. No que puedas preguntar a cualquiera por la calle y te vaya a responder como si le hablaras de Leo Messi. La pintura abarca un segmento de la población diminuto en comparación con el fútbol u otras aficiones que parecen despertar interés con mayor facilidad. Así que esto es algo sobre lo que reflexionar y en lo que hay mucho que reivindicar, muchas obras y muchos artistas que deberían tener un apoyo mucho más sólido del que han tenido y tienen, más allá de preguntar a cuánto se cotiza su trabajo.

Aparte de esto, el que suele preguntar si uno es famoso es habitualmente alguien que no tiene mucha experiencia en el mundo del arte, o al menos no la suficiente como para establecer sus propios criterios para valorar por sí mismo nuestra obra. Entonces, nos pregunta por nuestro nivel de fama como manera de calibrar la calidad del trabajo ya que no dispone de criterios personales más sofisticados en ese momento.

Las personas interesadas en el arte se dedican a observar nuestra obra con honestidad y con profundidad, desde el fondo, y a sacar conclusiones por ellas mismas.

Cuando tenía veinticinco años y acababa de graduarme necesitaba a toda costa el reconocimiento popular y el “prestigio”. Tenía la cabeza llena de humo y de idioteces, además de falta de seguridad en mi trabajo a causa de la inexperiencia. Ahora, con el paso de los años y después de haber trabajado intensamente, me doy cuenta de que todo lo relativo a la fama y al prestigio no es más que humareda. Lo único que importa es haber podido satisfacer a las personas para las que trabajé, y creo que lo he conseguido en todas las ocasiones. Eso es lo que queda; la satisfacción por una bonita relación y la gratitud por haber servido bien a los demás. Con todo lo demás, mejor hacer una bola y tirarlo a la basura cuanto antes.

La devoción por alguien se esfuma como un castillo de naipes antes o después. Las relaciones se basan en realidades sencillas y tangibles, en demostraciones de amor sinceras. También las relaciones comerciales.

Eso no quita que somos emprendedores. Y que tenemos que dar a conocer nuestra obra y nuestra maravillosa profesión tanto como podamos, entre otras cosas porque vivimos de nuestras ventas. Pero en la era de la información y en el sector cultural, duraremos muy poco si lo que queremos únicamente es lucir palmito. No, esto cada vez funcionará menos así. Lo que hacen las personas y las empresas a las que les está funcionando realmente bien en estos momentos es aportar valor y conocimiento al resto, a los profesionales de su sector y a las personas a las que potencialmente les puede interesar lo que hacen. Estas personas ricas verdaderamente se preocupan por los demás desde su experiencia y ven cómo desde su sector pueden aportar valor a la comunidad.

Así que la única pobreza de la que podemos hablar en nuestro caso es de la pobreza de espíritu, de la pobreza de aquél que no tiene nada que ofrecer a los demás y que recorta tanto que tampoco le queda nada para sí mismo, y acaba desanimado y abandona. El que tiene, da, ofrece conocimiento, valor, experiencia, y a su vez recibe conocimiento para seguir aprendiendo y dinero para vivir con tranquilidad.

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Tópico nº3: En el arte todo depende de tener la suerte de estar en el momento justo con el producto adecuado

Esta cantinela la he escuchado cuatrocientas veces, y no se corresponde con lo que sucede en realidad en la inmensa mayoría de los casos en el mundo del arte:
En el arte todo depende de tener la suerte de estar en el momento justo con el producto adecuado.

Si bien es cierto que esta frase nos encauza a adecuar nuestro proyecto a lo que puede necesitar la sociedad, también lo es que cuando nuestra mente se apoya en una premisa como ésta el éxito depende del exterior, adoptamos una actitud oportunista en la que parece que podemos dejar de confiar en nuestras propias capacidades y propósitos para caer gratuitamente en hacer algo adaptado que no es genuino ni nos sale de dentro y, lo que es peor, algo que está sujeto a una circunstancia concreta exterior que puede volver a cambiar.

Habitualmente, esto lo dicen personas que acaban de enterarse de que nos dedicamos al arte. Y nos lo dicen porque no saben qué decir al respecto, y hacen una proyección mental: “¡Madre mía, si fuera yo artista no sabría ni por dónde empezar!”. Y presuponen que en el arte, lo más probable es que tengas muchas dificultades hasta que te ayude un magnate que comercialice tus obras a cifras astronómicas y las convierta en “bombazos”.

Estamos muy acostumbrados a hablar de “bombazos”, “braguetazos”, “pelotazos”. Me recuerda a la ilusión infantil de pensar que cuando nos toque la lotería seremos felices.

Lo que nos hará felices de verdad, a un nivel profundo, será ser conscientes de haber trabajado todo lo necesario para ver y vivir personalmente la construcción de un camino sólido y verdadero, hecho por nosotros. Y eso sucederá porque amamos ese camino sin reservas y creemos en él, poniendo todas las condiciones de nuestra parte para llevarlo a cabo.

La felicidad y la plenitud profesional siempre son temporales si todo pasa por estar pendientes de la aprobación del exterior y de las oportunidades que nos brinde el mercado. Nuestros potenciales clientes, las personas interesadas en el arte y, en definitiva, el mercado, nos devolverán lo que nosotros les demos. La iniciativa debe partir de un estímulo interno. Es más, si eres artista autónomo, a partir de ahora siempre será así. Tendrás que escuchar tu propia alma, ofreciendo una propuesta personal a los demás desde un punto de vista personal y único.

El estímulo siempre será interno, y nunca estará condenado al fracaso, como de forma subliminal indica esta premisa, que parece que se juega todo a una sola carta. Eso es absurdo porque como fuente de recursos que eres nunca dejarás de ofrecer propuestas, y en algunas de ellas tendrás más éxito y en otras un poco menos, pero en todas ellas aprenderás. 

Como receta para aquellos que esperan que el éxito venga inevitablemente desde fuera, allá van dos frases de dos artistas inteligentes con dilatadas y fructíferas carreras:
Woody Allen decía que el noventa por ciento del éxito se basa simplemente en insistir. Y Charles Chaplin decía que el secreto era tener fe en uno mismo. Que sin

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Charles Chaplin en la película El Chico (1921)

la absoluta confianza en sí mismo, estaríamos destinados al fracaso.

De la primera frase podemos extraer la palabra “Perseverancia”.

De la segunda frase podemos extraer la palabra “Fe”.

Hablaremos en un bloque posterior de estas aptitudes clave para profesionalizarse como artista a nivel autónomo, pero por ahora veamos cómo estas dos premisas nos alejan 180º de la premisa que habitualmente se suele indicar como la acertada. Fijémonos cómo en estos casos, desde el amor por tu propia elección, por tu propio camino, cultivas la perseverancia y la fe, y pasas de tener una actitud oportunista a poner toda la atención en la persistencia y en la confianza en ti mismo.

Trabajando desde la perseverancia y la fe has ganado el poder más grande de todos, el de confiar en tu camino y el de poder dirigirlo personalmente.

Cultivando la perseverancia y la fe a partir del amor por el camino elegido y para el cual trabajas, apuntalas con buenos cimientos el proyecto: ahora, el propósito interior es cristalino como el agua y sólido como una roca.